Usted es la culpable

por Delia Millán

 

Dice la terapeuta y conferencista Esther Perel que la sociedad y la forma en que nos relacionamos ha cambiado tan radicalmente durante los últimos 100 años, que los seres humanos que habitamos los tiempos modernos apenas si hemos tenido tiempo de adaptarnos. Ya no existen sólo dos paradigmas de género, no existe el concepto de pareja de vida, el modelo de familia nuclear, ni siquiera la monogamia o la institución matrimonial se consideran lo que significaban a principios del siglo XX. Todo está en cambio permanente en nuestro nuevo arreglo social.

 

Lo único que no cambia es la capacidad que tenemos las mujeres de sentirnos culpables de todo y por todo. Y desde luego, la gran virtud que tiene la sociedad, cualquiera que esta sea, para señalar a las mujeres como las culpables de absolutamente todo. Ya lo ven, en realidad, aunque el mundo cambie radicalmente, en lo esencial no cambia mucho.

 

Antes las mujeres nos sentíamos tremendamente culpables por no ser esposas dignas o madres abnegadas, nos sentíamos terriblemente deshonradas si acaso nos llegábamos a atrever a ser mujeres divorciadas y producir familias desintegradas. Ahora ya no tememos al divorcio, o a ser madres solteras, nada nos detiene, defendemos nuestras causas personales, nuestras profesiones y nuestras carreras.

 

Sin embargo, no dejamos de ser las culpables. En la actualidad, aquella mujer que decide ser esposa fiel o madre de tiempo completo es vista con total desaprobación por la sociedad liberal orientada al consumo y la producción –¿Cómo que no trabajas? O sea, ¿qué te pasa?, ¿cómo que no eres independiente? ¿cómo que solo has tenido sexo con tu marido? ¿pues en qué siglo vives mujer?

 

Y no solamente esos señalamientos. En los tiempos que corren las mujeres estamos más abrumadas, más agobiadas, inhumanamente cansadas, y sentimos culpa por no ser buenas madres, por no ser empleadas perfectas o esposas y amantes sensuales que mantienen encendida la llama.

La culpa viene de todas partes, como una maldición ubicua, nos sentimos mal con nuestra conciencia porque no pasamos suficiente tiempo con nuestros hijos, o porque no somos suficientemente delgadas y atractivas, o porque ya nos vemos un poco viejas, o porque no somos emprendedoras y no ganamos tanto dinero como otras. A veces incluso sentimos culpa porque no mantenemos a nuestros maridos o ganamos menos que ellos –sí, así es, el mundo está de cabeza–

 

Porque en los tiempos que vivimos todo es posible para las mujeres, no hay nada que no esté permitido, en el nuevo arreglo no hay reglas precisas, todo se vale, puedes comerte el pastel entero. Y entonces, estando así las cosas, ¿cómo que no vas a desarrollar todos tus potenciales? ¿pues qué mosco te picó?

 

Antes sentíamos culpa por cansarnos de un mal matrimonio, por divorciarnos y ser socialmente señaladas. Hoy sentimos una culpa enorme por no divorciarnos cuando ya pasaron más de dos años y las cosas no están saliendo lo que se dice perfectas –o sea, ¿lo vas a seguir aguantando?, ¡divórciate ya! Si no estás loca

 

En resumidas cuentas, la sociedad ha cambiado totalmente el rumbo, pero la culpa que las mujeres sentimos sigue siendo la misma, nunca acaba. Culpa, culpa, culpa, las mujeres nacimos pidiendo perdón y sintiéndonos culpables desde que la historia comienza. Estoy segura que mi bisabuela sintió culpa, mi abuela sintió culpa, mi madre ni se diga, y yo cuatrocientas generaciones después, liberada e independiente del yugo del machismo, sigo sintiendo tres mil veces más culpa que cualquiera de ellas.

El mundo está loco y la humanidad no tiene remedio, así están las cosas, y seguramente también de eso la sociedad dirá en su tono más radical y severo: ¡Usted señora, es la culpable de todo ello!

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Delia Millán

Maestra del desequilibrio armónico, experta en el desarrollo humano y las relaciones complicadas. Loca por convicción y leal por vocación. Lucha contra la violencia de genero donde quiera que esté.

Los Calzones de Guadalupe Staff

Aquí hablamos de lo que importa decir, que es generalmente lo que nadie quiere escuchar

Tags   mujer, culpa, culpabilidad, equidad de género

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