Tranquilidad Interrumpida

                                                                             FUENTE: Pinterest

Por EL HEDONISTA

Como ya les había platicado, intento disfrutar la vida lo más posible y a diferencia de mucha gente que conozco yo disfruto sobremanera del tiempo que tengo sólo para mí. Durante una semana normal, aparte de trabajar, soy el que cocina, atiendo a la más pequeña de mis niñas y la llevo a sus clases extracurriculares; por esta razón cuando tengo un fin de semana libre procuro dedicarlo a darme gusto, no necesito compañía, gozo de ese tiempo en perfecta soledad y paz.

Durante esos fines de semana, no salgo ni a la esquina, tampoco recibo visitas, disfruto de quedarme en pijama enfrente de la tele o leyendo un buen libro sin tener interrupciones. Una de esas actividades que estoy más que feliz de hacer es preparar uno de esos platillos que en ningún otro día puedo preparar porque no comen chile en general. Como ya no salgo una vez empieza mi fin de semana, desde el día que sé que me voy a quedar sólo empiezo a planear lo que voy a preparar para pasar con tiempo al supermercado y contar con todo lo necesario a priori. El menú lo decido dependiendo del antojo que tenga por algo picante o una de esas comidas que todo mundo denigra por ser gringas como el Chilli con Carne (que en realidad es Tex-Mex y es grandioso). Además tomo en cuenta para el menú el número de eventos deportivos, películas o programas que quiero ver en esos días. Entre más larga la lista, más variado y poco saludable es el menú.

Como podrán ver, esos fines de semana son ampliamente pecaminosos, no por los excesos normales de los hombres que se encuentran solos un fin de semana (mujeres, fiestas, antros), no, no y no, yo me convierto en un holgazán y un glotón, mis dos pecados capitales favoritos. El sillón enfrente de la tele y yo nos integramos en un solo ser, con el control remoto en mano, las únicas razones que hacen que me mueva son fisiológicas, hambre o una visita al sanitario.

El fin de semana pasado, estaba preparado para pasar viernes y sábado en perfecta armonía conmigo, una noche antes había ido al supermercado por los víveres necesarios, puse a recargar las baterías del control remoto, tenía mi cenicero favorito listo en la mesita lateral del sillón, había hecho una lista de lo que iba a ver en la tele, todo estaba listo. El viernes me desperté temprano para resolver los pendientes del trabajo anticipando el resto de mi día, me preparé un café, conteste un par de correos que requerían mi atención inmediata y me senté en mi sillón de orejas altas, en pijama café en mano y encendí la tele y puse el noticiero de la NFL para ver los pronósticos de los partidos del fin de semana y las repeticiones del partido del jueves por la noche pensando “ganaron los vaqueros, ¿cómo le hicieron?”. Empezaba a entrar en mi zona de confort, cuando suena el timbre, “carajo, ¿a quién se le ocurre venir a las ocho de la mañana?”, contesto y es el administrador del condominio, “Sr. vienen de CFE a cambiar los medidores de los departamentos, empiezan en 10 minutos”. Me lleva el diablo, pero bueno que tanto tiempo se pueden tardar en cambiar los medidores, he visto como lo hacen y sólo tienen que sacar los medidores anteriores y meter los nuevos, “no más de 30 minutos”. Apago mi computadora y espero a que la CFE me deje sin tele en breve, con el fin de aburrirme mientras no hay luz, tomo el libro que he estado leyendo y me preparo para seguir instalado en mi sillón. A las 10, por fin cortan la luz, aprovecho para hacer una escala escatológica dispuesto a leer un par de capítulos mientras estoy en el trono. Misión cumplida, veinte minutos después todo ha salido con bien y logre avanzar más de lo esperado con mi libro. Vuelvo a mi sillón, reviso mensajes en mi teléfono sólo como parte de mi rutina porque liberé mi calendario para tener estos días libres de citas y pendientes de trabajo, regreso a mi libro y continuo con mi lectura esperando a que regrese la luz y continuar con mi lista de programas insulsos que me ayudan a no pensar en nada. Verifico la hora, han pasado 45 minutos desde que se fue la luz, “ya no deben de tardar”, continuo leyendo y después de otros dos capítulos pienso “vamos a ver cómo van”, me pongo mis chanclas y bajo a buscar al administrador o a los de la CFE no me importa sólo necesito saber cuántos minutos más mis planes se van a ver afectados. No sabía la pesadilla que me esperaba.

Bajo por las escaleras (el elevador no funciona, NO HAY ELECTRICIDAD) y me encuentro a 6 trabajadores de CFE alrededor de una estructura como de tres metros en donde están instalando cableado, bases y demás artilugios para los 16 departamentos de la torre donde vivimos, “no sólo iban a cambiar los medidores, ¿qué están haciendo?”, me acerco a uno de los de CFE y le pregunto “Joven, ¿no iban a cambiar sólo los medidores?”, a lo que me responde, “no Jefe, los nuevos medidores necesitan que cambiemos toda la instalación”, “¿cuánto se van a llevar en hacerlo?, pregunto con tono de incredulidad absoluta, “no pus, como cuatro horas”, completamente devastado le doy las gracias y emprendo la subida de 3 pisos por las escaleras contemplando lo que voy a hacer las siguientes cuatro pisos, decidido a disfrutar mi tiempo de paz.

Se me ocurre que puedo dedicarle un par de horas a mi menú lo cual alegra de inmediato mi mañana, una de las actividades que más disfruto es cocinar cuando no hay nadie, puedo hacerlo con calma, picar finamente los ajos y las cebollas, rebanar el puerco en el tamaño de filetes que me gusta sin prisas, preparar la salsa con la cantidad de chiles que me gusta. Saco todos los ingredientes me pongo mi mandil favorito, afilo mis dos mejores cuchillos y me dispongo a cocinar un puerco adobado para comerlo en tortas y un chilli con carne para cenar unos chilli cheese dogs tipo Nueva York. Tres horas después mis guisos están listos, soy feliz, recojo todos los trastes sucios y me dispongo a lavar (odio que la cocina parezca una zona de desastre, por eso todos tienen que pedir permiso antes de poder preparar cualquier cosa en mi cocina), abro el agua del tarja y sólo escucho el aire que sale de la tubería, “ME LLEVA LA CHI…”, no hay luz por lo que no hay bombas y no hay agua. Contemplo la posibilidad de dejar los trastes hasta que regrese el agua, pero que voy a hacer mientras regresa la luz…, NADA, tomo una cubeta y bajo las escaleras para tomar agua del estacionamiento, de camino aprovecho para ver cómo van los de CFE. Asomo la cabeza al cuarto de máquinas y me encuentro que apenas están montando la estructura para los medidores, de inmediato pienso, “esto no se va a llevar sólo una hora más”, le pregunto al de CFE “cuánto más le calcula para terminar Inge”, “un par de horas Sr.”, veo la hora, “3 de la tarde, bueno no todo está perdido” pensando en mi lista de programas que quiero ver.

Lleno la cubeta y subo los tres pisos hasta mi departamento pero ahora con 30 o 40 litros de peso adicional, “ni una más hasta que regrese el agua”. Lavo los trastes y recuerdo el libro que estoy leyendo, ya sé cuál va a ser mi siguiente actividad. Me traslado a mi sillón con mi vaso, cenicero y teléfono (no pretendo pararme por nada hasta que regrese la luz). La lectura me regresa la sensación de placer que he buscado toda la mañana, el tiempo pasa volando, la historia llega a su punto crítico lo cual quiere decir que estoy por terminar mi libro, volteo a ver la hora 3:30 pm, han pasado 5 horas y 45 minutos sin luz, debieron de haber terminado hace media hora según el estimado del Inge, vuelvo a ponerme las chanclas y bajo a ver el último estatus. Entro al cuarto de máquinas y veo a la cuadrilla de CFE luchando a brazo partido por meter unos cables por las tomas de la estructura que montaron, de inmediato sale el “experto” que todo hombre lleva dentro, “estos pend... debieron de cablear antes de montar la estructura se hubieran tardado la mitad del tiempo”, la realidad lo que me preocupa es que no veo que estén por terminar. Salgo del cuarto de máquinas con la frustración creciendo a buscar al administrador, “Alejandro, qué onda con los de la CFE, se suponía que iban a terminar a las 3:00 pm”, seguido del comentario “ya sabes que trabajo desde mi casa y no he podido hacer nada y me urge”, a lo que me contesta, “si Sr. G., yo se que ya se tardaron, le toco para avisarle”. Vuelvo a hacer el viaje de subida y me instalo a continuar con mi lectura, sin embargo ya no la disfruto como antes, cada hoja que paso me produce un creciente sentimiento de ansiedad, si termino el libro, que demonios me voy a poner a hacer.

Tal como temía, termino mi libro, el final fue todo lo que esperaba, el malo no es malo, todo era parte del plan del que se murió al inicio y me deja una sensación familiar de buscar otro libro igual de bueno. 4:50 pm, todavía Alejandro no me busca, vuelvo a mis chanclas y bajo a buscar respuestas, estoy en modo pánico, NO TENGO MÁS QUE HACER, quiero mi tele de regreso. Entro al cuarto maldito y veo a los de CFE haciendo conexiones, cableando, algunos inclusive han empezado a empacar herramientas y suministros. Yo sigo en pijama, con el almohadazo en la cabeza y en chanclas paseándome por el estacionamiento del condominio, ya no me importa que me vean los vecinos en modo holgazán, enciendo un cigarro tras otro dando vueltas sobre los de CFE como un buitre, no digo nada porque no los quiero distraer, lo que quiero es que terminen. Le hablo a mi esposa sólo para quejarme, “llevo sin luz desde las 9:00 am, estoy aburrido, y empiezo a ponerme de mal humor”, la respuesta es un rápido “te mando besos, háblame cuando terminen, adiós”. Ella sabe mejor que nadie que sólo estoy buscando un pleito porque estoy frustrado y aburrido.

Durante las siguientes dos horas, subo y bajo las escaleras cada 30 minutos, doy seguimiento cercano a los avances de los de CFE, consumo una cajetilla de cigarros en tiempo record lamentándome sobre mi lista de programas que voy perdiendo conforme el tiempo pasa acercándome al punto de ebullición, a partir de las 7:00 pm empiezan los programas imperdibles. No he ido al baño en todo el día porque no estoy dispuesto a subir otra cubeta con agua, el de CFE se acerca y me pide una copia de mi INE a lo que respondo medio “si me regresan la luz te saco una copia”. 7:15 pm, por fin empiezan a montar los medidores, Alejandro corre a avisar a todo mundo para que prueben que ya tienen el servicio, subo las escaleras de dos en dos, me tropiezo departamento con la esperanza de contar con luz de inmediato, espero con lo último que tengo de paciencia, pasan los minutos, se me hacen como horas y por fin, ¡¡¡LA LUZ REGRESO!!!.

Corro a la tele de la cocina, busco el canal que pasa el programa que esperaba, va a la mitad, “no importa, REGRESO LA LUZ”, en este punto me doy cuenta que no he ido al baño en todo el día, corro y agradezco el alivio que me da esta simple acción. Tampoco he comido en todo el día, me sirvo un plato de cerdo adobado, me instalo en la mesa de la cocina y me pierdo por las siguientes horas viendo la tele que espere todo el día.

A mis congéneres del sexo femenino me gustaría decirles que hay un aprendizaje profundo de esta experiencia, me gustaría poder decir que aprendí que hay más en el mundo que la tele, que uno puede aprovechar estas oportunidades para socializar más, para compartir el tiempo con alguien más. NO, NO y NO, esos somos nosotros, nos gusta nuestra tele, nos gustan nuestros planes, nos gustan esos días en donde no tenemos que ser socialmente agradables. Los placeres simples de la vida es lo nuestro y la ley del mínimo esfuerzo para obtenerlos lo rige todo en esas ocasiones. Es muy simple.

Me despido recordándoles que se dejen de chingaderas y disfruten la vida.

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