Tenemos que hablar de Greta

por Andrea Campuzano

 

Hablar de Greta Thunberg es difícil. Cuando menos esa sería la opinión de Trump, de Macron, de Ángela Merkel, a cuyos gobiernos, entre otros, Greta ha denunciado públicamente por no cumplir con los objetivos de reducción de emisiones de carbono acordados en el Acuerdo de París sobre el Cambio Climático. Porque hablar de Greta Thunberg no es solamente hablar de cómo una joven autista sueca de tan solo 16 años ha logrado poner en evidencia la hipocresía de gobiernos, funcionarios, organizaciones y ciudadanos de todo el mundo con tan solo el poder de su voluntad y la fuerza de su carácter; es también hablar del grado de responsabilidad personal que todos y cada uno de los adultos que habitamos este planeta tenemos ante la gran crisis climática que ya está sucediendo.

 

Narrar la forma en que Greta se hizo conocida en 2018 a partir de la huelga personal que inició frente al Riksdag, el parlamente sueco, exigiendo que éste redujera las emisiones de carbono del país nórdico, y cómo su pequeña protesta individual inspiró a millones de jóvenes en todos los países para generar un movimiento mundial para poner un alto al Cambio Climático, no es nada sencillo. No lo es porque implica reconocer que nuestra generación, la de los adultos que vivimos y gobernamos este planeta, no ha hecho lo suficiente para frenar la catástrofe ecológica que se avecina, no hemos actuado con seriedad ni contundencia para detenerla, y es una pequeña adolescente indignada cargando una pancarta, quien ha tenido que mover montañas, dar el primer paso, decir con claridad y simpleza lo que hace mucho debimos entender, mostrarnos el camino del activismo civil, demostrarnos con sus hazañas que sí es posible cambiar al mundo desde nuestras casas, poniendo el granito de arena que a cada habitante le corresponde según lo reclama el planeta.

 

Cuenta Greta, esta adolescente sueca nacida apenas en 2003 en Estocolmo, que la primera vez que oyó hablar del cambio climático fue cuando tenía 8 años, y ya entonces no podía entender por qué se estaba haciendo tan poco al respecto. Desde esa edad ya mostraba una preocupación peculiar por lo que ella veía claramente como una amenaza para la sobrevivencia de los humanos, especialmente los de su generación, desde esa edad entendía con la claridad y la simpleza con la que los niños pueden discernir las cosas, lo que los adultos parecían incapaces de comprender, que estábamos destruyendo el mundo, el legado que le correspondía a su generación.

 

El activismo de Greta comienza ocho años después de esa primera toma de conciencia, comienza con una modesta pancarta en la que se lee “Huelga escolar por el Clima”. Con esa pancarta se planta durante días fuera de la cede del parlamento sueco. Su contundencia para enviar un sencillo mensaje al mundo y la perseverancia con que lo sostiene, es lo que la ha llevado a convertirse en un símbolo del reclamo ecologista, una especie de guerrera revolucionaria del Cambio Climático. Con sus dieciséis años, su cabello castaño, el gesto adusto que tan duramente ha sido criticado en redes, y su discurso directo y severo hacia los líderes de los gobiernos, Greta ya ha recorrido medio mundo tratando de detener la destrucción ecológica con el ejemplo, dejando tras de sí una ola de seguidores comprometidos como ella, también de críticos acérrimos.

 

Es una joven incorruptible y determinada, su compromiso es implacable, es eso lo que la ha vuelto a su corta edad una verdadera líder de su generación. No es en realidad lo que dice lo que resulta relevante, sino lo que demuestra a través de sus actos.  A su manera simple y obstinada, cruzando el Atlántico en un velero o llegando a Madrid desde Lisboa en un viaje tan lento e incómodo como una travesía marítima, Greta Thunberg nos echa en cara lo poco que nosotros hacemos por transformar la debacle ecológica, nos da el ejemplo que tanto necesita este mundo de farsas y simulaciones, de discursos demagógicos y falta de compromiso auténtico. 

 

Greta trasciende a políticos, ideólogos y ecologistas tradicionales porque su activismo está hecho de agitación política tanto como de cambios concretos en la vida diaria, está hecho de realidades palpables, no tan solo de palabras. Para ella el problema ecológico se resume en cuatro simples afirmaciones:  la humanidad enfrenta una crisis existencial debido al cambio climático,  la generación actual de adultos es responsable del cambio climático,  el cambio climático tendrá un efecto desproporcionado en los jóvenes y  se está haciendo muy poco sobre la situación.

 

Para Greta Thunberg la responsabilidad de la catástrofe ecológica que vivimos recae en las personas, y no en las empresas privadas o autoridades públicas. En numerosas ocasiones ha expresado este pensamiento, en todos sus discursos frente a las instancias de gobierno y las de organizaciones internacionales, también en sus redes sociales, en las que en diciembre de 2019 expresó a través de su cuenta de Twitter  que tenía esperanza en que la debacle ecológica se revirtiera mediante la acción civil conjunta y los cambios de hábitos de todas las comunidades que pueblan el planeta: “Tengo esperanza”, escribió, “Lo he visto, el cambio no proviene de los gobiernos ni de las corporaciones. Viene de la gente” 

 

Las afirmaciones de Greta han desatado polémicos debates a nivel mundial, y sus críticos son numerosos, pero ante la desmedida respuesta de la gente frente a esta peculiar adolescente, cabe preguntarse si tal pesimismo no se debe a que los adultos nos seguimos negando a asumir nuestra responsabilidad frente al Cambio Climático, seguimos eludiendo nuestro compromiso, nos negamos rotundamente a admitir que está en nuestras manos hacer algo.

 

En mayo de 2019, Greta publicó una colección de sus discursos de acción climática en un libro titulado: Nadie es demasiado pequeño para marcar la diferencia, los beneficios que la publicación de esta obra ha generado son donados a obras de caridad.

 

Para esta adolescente el compromiso con el cambio es real. Mucho antes de que saltara a la escena mundial, Greta persuadió a sus padres en casa para que adoptaran varias opciones de estilo de vida con el objetivo de reducir su propia huella de carbono, incluido renunciar a viajar en avión y no comer carne. Thunberg afirma que sus padres dieron respuesta a sus peticiones, y que cambiaron su estilo de vida, lo que le dio esperanza, haciéndole creer que ella podría marcar la diferencia.

 

Por eso pienso que hablar de Greta no es cosa fácil, y nadie quiere hacerlo a conciencia, nadie quiere adoptar el reto, el mundo quiere seguir haciendo de la vista gorda, mirar hacia otro lado cuando se habla del Cambio Climático, cuando se da alguna noticia sobre la forma en que Greta vive su activismo y su día a día.

 

No es fácil admitir nuestras culpas, hacernos responsables de nuestros actos, comprometernos con el cambio de hábitos, poner nuestro granito de arena, como Greta. No es fácil hablar de esta joven, pero es necesario hacerlo, porque nadie es demasiado pequeño para marcar la diferencia.

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Andrea Campuzano

Vegana estricta, practica yoga y es un alma viajera. Le gusta experimentar la vida y siempre está en busca de nuevas emociones. Actriz de vocación: le tiene miedo al escenario. 

Los Calzones de Guadalupe Staff

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Tags  Greta Thunberg, cambio climático, catástrofe ecológica, Andrea Campuzano

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