Tarde de Revelaciones

FUENTE: Pinterest

Por EL HEDONISTA

Como ya les había platicado, busco gozar de la vida, sin importar las circunstancias. El día de hoy recibí un aprendizaje que en 30 años de manejar en una de las ciudades más conflictivas del mundo no había recibido, porque las mujeres, en general, manejan como manejan. Manejar en una ciudad como la CDMX tiende a ser un reto al buen humor, tengo la teoría de que los peseros reciben cursos de como bloquear dos carriles en todo momento, los taxistas, van buscando pasaje por lo que invariablemente cruzan todos los carriles para frenar en seco justo enfrente de ti y por último vienen mis pares del sexo femenino.

Las he visto hacer de todo en el auto, desde cambiarse de atuendo mientras manejan hasta hacer una comida de tres tiempos en medio de Eje Central a las 3 de las tarde. En cada ocasión, me enloquece, no sólo entorpecen el tránsito ya que como van haciendo todo menos manejar, van más lento porque no quieren tener un accidente y como van haciendo las actividades que debieron hacer antes de salir, ellas si tienen el tiempo para estar una hora y media en el auto. En su cabeza optimizaron el tiempo, 15 minutos para pintarse, 10 minutos para desayunar, si lo hacen en el auto ya los recuperaron, lo que no entienden es que por cada semáforo que no cruzan en tiempo, pierden 3 minutos, por cada vuelta que no dieron cuando les tocaba pierden cerca de un minuto por cada vez que pierden 6 lugares en su carril del Periférico pierden 50 segundos, en un viaje de 10 kilómetros los 25 minutos que ganaron los perdieron con 10 minutos adicionales de trayecto y el obvio riesgo de chocar con otro auto mientras van distraídas. Hay muy pocas cosas que pueden enojarme, alguien al volante que no viene poniendo atención es una de esas pocas que me enloquecen… hasta el día de hoy.

Hoy deje que una de mis hijas manejara en los dos viajes que hicimos. Desde que sacó su licencia hace como un año maneja exclusivamente autos automáticos por lo que decidí que saliéramos en el estándar para que practicara un poco. La realidad es que fuera de unos cuantos viajes en fin de semana, no me había subido con ella en medio del tránsito y mucho menos en hora pico. Fue una experiencia reveladora, entendí tanto del comportamiento de una mujer detrás del volante. Como diría mi profesor de literatura de secundaria, empecemos por el principio; llego a recoger a mi princesa después de un examen y en cuanto le entrego el auto, empieza a sufrir un mini ataque de ansiedad, “NO PAPÁ, no quiero manejar estándar, no sé cómo hacerlo”, 2 segundos después ya esta subida en asiento del conductor (como cualquier adolecente, nunca desperdicia la oportunidad de manejar), de inmediato empieza un monologo de cuánto tiempo tiene que no ha manejado un auto estándar, mientras acomoda el asiento en la posición “correcta”, (un poco cerca para mi gusto), busca la perilla de los espejos, se pelea con ella porque no se mueven, por fin descubre que hay que girarla a cada lado dependiendo del espejo que necesitas mover, durante todo este tiempo, ella habla de que prefiere los autos automáticos a los estándar y yo no logro participar con una sola palabra. Mete primera sin pensar, debe de salir en reversa del lugar de estacionamiento, hace una última revisión de todos los controles y espejos y se da cuenta que necesita reversa, pienso “BENDITO DIOS, que bueno que no tuve que hacérselo ver” porque no quiero que ser el clásico papá que va cantando la lotería mientras su hijo maneja, ¡el Tsuru!, ¡la bici!, ¡el árbol!, ¡la banqueta!, mi papá lo hacía conmigo y me volvía loco. Bueno, mi niña intenta encender el auto y no sucede nada, “QUE LE PASA A ESTA COSA”, aprieta el botón de encendido cada vez con más violencia “¡¡¡PORQUE NO ENCIENDE!!!”, en voz baja y con mucha calma le menciono que debe de tener el clutch hasta el fondo para que encienda, baja la mirada hacia los pedales y mira el clutch como si fuera una cucaracha asquerosa, toma con fuerza el volante y hace palanca para pisarlo lo más fuerte posible, ¡el auto enciende!, todavía viendo el clutch y la palanca de cambios empieza a salir en reversa cuando, ¡PIIIIIIIP!, un auto que está pasando detrás de nosotros le tocó el claxon, frena y se le apaga el auto, no me puedo contener, suelto una carcajada mientras mi hija hace una mención sobre la falta de cerebro del otro conductor. Voltea a verme, “NO LE ENCUENTRO LA GRACIA PAPÁ”, Dios mío, llevamos sólo un par de minutos en el auto.

Salimos del lugar de estacionamiento, arranca con un pequeño rechinar de llantas por sacar el clutch muy rápido, yo calladito, 20 metros más adelante hay un reductor de velocidad, uno de esos que es un tope invertido, llega a la parte profunda del reductor, “POCK”, la punta del auto pega con el borde, yo, sigo calladito, se apaga el auto, “¡NO PUEDO PAPÁ!”, con toda calma le digo a mi hija que no importa, vuelve a encenderlo y “volamos” el reductor de velocidad, cambia a segunda de inmediato y en una pequeña subida, el auto se mueve como una lavadora y se apaga nuevamente, no me puedo contener, suelto nuevamente una carcajada, “¡LO ODIO PAPÁ!, odio este auto”, vuelve a encenderlo y nuevamente con rechinar de llantas arranca, estamos a 30 metros de la reja de entrada al condominio y les empieza a gritar a los vigilantes, “¡NO ME VOY A PARAR, NO ME IMPORTA, NO ME VOY A PARAR!”, soltando una carcajada más le digo, “tengo que recoger mi identificación”, me mira con cara de que te pasa, “no papá”, se detiene y por primera vez no se le apaga el auto, ya recordó que debe de meter el clutch cuando frena por completo, VICTORIA. Hemos avanzado como 150 metros, ¡¡¡BIEN!!!

Logramos incorporamos al tráfico de la ciudad sin inconvenientes, mi niña se encuentra por fin relajada al volante, aquí es donde empieza la revelación de una vida, mi princesa viene platicando conmigo de sus amigas, de la escuela, de música como si nos estuviéramos tomando un café, con la mente en la conversación y poniendo atención parcial a lo que viene haciendo, voltea al auto de alado, vamos a 60 kms/hr, ve al conductor y se ríe, “Papá, se parece a Mr. Bean”, volteo a ver y pienso “¿cómo le hizo para verlo?, si viene platicando conmigo, volteando a verme de manera constante, ¿en qué momento volteo a ver dentro del otro auto? y ¿cada cuándo ve el transito enfrente de ella?”. En ese momento llega mi primera revelación, no importa si vienen sin hacer otra actividad, jamás vienen concentradas en manejar, tienen demasiadas cosas en la cabeza.

Otra de las cosas que nunca he entendido de ver a las mujeres manejando es cuando hacen algo imprudente y les tocas el claxon, se voltean con miradas que van desde MUERETE hasta VE Y TOCALE EL CLAXÓN A TU PROJENITORA, (cuando el error es completamente evidente, aplican la del mundo no existe, ignoran a todos los autos vecinos como si vinieran solas en la calle). En fin, llegamos al Periférico y está completamente congestionado, mi niña sigue platicándome de la vida, con el ocasional comentario a otro conductor, “a ver si te mueves papacito”, “no puedes moverte más lento”, “si te metes te mato”, y cada uno de ellos viene acompañado de una carcajada de mi parte, me siento feliz, he encontrado el remedio para mi frustración con la manera de conducir de las mujeres, sólo tengo que recordar este viaje con mi princesa. De repente el transito se detiene por completo y ¡BAM!, el auto se apaga, de inmediato el transito avanza y mi niña no puede arrancar el auto, se toma unos segundos para llevar a cabo el proceso de reencender el auto, el conductor de atrás le toca el claxon, “¡TE VAS A ESPERAR TARADO, QUE TE PASA!” acompañado con la mirada de MUERETE. ¡Lo vi, sucedió en mi presencia!, esa transformación de una mujer hermosa, cortes y amable que en segundos se convierte en una potencial asesina, fue como ver por primera vez la Cenicienta y ver la transformación de Maléfica en el dragón, ¡GUAU!, vuelvo a soltar una carcajada arrepintiéndome de inmediato, atraje la atención del dragón, “DE QUE TE RIES, PAPÁ” con la misma mirada de MUERETE. De inmediato guardo silencio. Arranca el auto y de inmediato regresa mi princesa que ama a los perros y continúa platicándome como si nada hubiera pasado. Me acaba de abrir los ojos, en el auto son como Dr. Jekyll y Mr. Hyde.

El resto del camino sucede con algunos comentarios adicionales hacia los demás conductores cada vez que se le apaga el coche o que alguien trata de meterse delante de ella pero sin novedades adicionales sin embargo me ha regalado la forma de disfrutar manejar en cualquier ocasión, ahora cada vez que vea a una mujer manejando tengo claro tres conceptos básicos.

No vienen prestando atención a manejar, vienen pensando en todo menos en manejar por lo que no pueden anticipar lo que sucede a su alrededor.

Tomando en cuenta lo anterior, el segundo concepto es, cuando una mujer comete una imprudencia al volante, se ofende realmente ya que ella no hizo nada (porque no vio nada), a los ojos de ella eres una bestia mal educada sin importar si terminaste encima de la banqueta por evitarla.

Y el tercer concepto, pensarlo dos veces antes de tocarles el claxon no vaya a ser que alguna de ellas venga armada algún día y durante esos segundos asesinos realmente me pueda llevar una bala entre ceja, oreja y madre.

Me despido recordándoles que se dejen de chingaderas y disfruten la vida.

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