Reír y agradecer

por Yao Arroyo

Antes de platicar acerca de estos dos grandes temas, la risa y el agradecimiento, quiero aclarar algo: como seguramente ya se habrán dado cuenta, no soy una escritora, sin embargo me considero una persona muy sensible al comportamiento humano, sensible también a los fenómenos sociales y a las emociones que nos caracterizan como individuos. Regularmente, cuando experimento de manera profunda alguna situación en mi vida, me gusta compartirla con la gente que quiero, y con todo aquél que quiera escucharme o leerme. Ahora que tengo la oportunidad de participar aquí en Los Calzones de Guadalupe, me emociona poder transmitir lo que pienso a través de este medio y así llegar a más personas. 

Quiero hablarles en esta ocasión de estas dos acciones fundamentales en la vida de toda persona, reír y agradecer. Empezaré por decirles que en mi experiencia personal, la risa y el agradecimiento han sido siempre sensaciones extraordinarias porque me producen lo que ninguna otra acción puede producirme. Reír y agradecer me han dado a lo largo de la vida sobre todo calma, paz interior, alegría y entusiasmo, incluso fortaleza, ese tipo de fortaleza que implica sentirse vivo y sentirse bien con la vida propia y con el mundo, sentirse integrado con el entorno y con uno mismo, y me refiero al entorno en su totalidad, es decir, a la naturaleza, a todos los seres vivos, los animales, las plantas, los humanos, la sociedad en su conjunto, el mundo que nos rodea cuando vamos por las calles, el entorno urbano, la vida en la gran ciudad, las largas avenidas, sus transeúntes y sus numerosos autos, los edificios gigantescos y el verdor intenso de los parques, todo lo que en este entorno cotidiano podemos sentir, ver, oler, tocar, escuchar y saborear. La risa y el agradecimiento nos integran a todas esas cosas que damos por sentado en la vida diaria y de las cuales no nos percatamos conscientemente.

Desafortunadamente, estas dos simples acciones que nos enriquecen tanto la vida, no son tan comunes como cabría esperar. Es curioso, pero en ese entorno cotidiano del que les hablo, la risa y el agradecimiento son algo raro de observar. Yo procuro que en mi vida esas dos acciones estén muy presentes. 

Agradecer es en realidad algo muy simple, pero muy profundo a la vez. Mi padre decía cuando yo era joven, que el peor de los seres humanos en el Infierno de Dante es el ingrato. Tengo estas palabras muy presentes desde mi infancia. 

Dar las gracias por los actos de atención o de consideración más sencillos es algo poco común y en lo que casi nunca pensamos. Actos como el que alguien te ofrezca una taza de café, o que alguien ponga a tu alcance el azúcar, la leche, la crema o el cereal. Hablo de cosas tan simples como que alguien en la calle te ceda el paso, o te agradezca por habérselo cedido, cosas en las que no reflexionamos mientras suceden, pero que son a lo largo del día sumamente importantes y acaban pesando enormemente en nuestro bienestar y la forma como nos sentimos con la vida y con los demás.

Dar las gracias es a veces un acto mecánico en el que no reflexionamos, y aunque eso no es malo, pues lo maravilloso del agradecimiento es que se convierte en una hábito cotidiano y una actitud frente a la vida, lo cierto es que hacernos conscientes de lo que los otros hacen por nosotros y agradecerlo, así como recibir el agradecimiento de los demás por lo que hacemos por ellos, nos cambia la perspectiva de la vida, especialmente cuando estamos al borde de la locura, como solemos muchas veces estar los que vivimos en el caos y la neurosis de las grandes ciudades.

De pronto alguien te cede el paso en medio de un tráfico infernal y tu no tienes más que darle las gracias, ese simple acto te cambia el estado de ánimo y la visión de la sociedad cuando menos durante los siguientes tres kilómetros de tu recorrido. 

O tal vez estás en el trabajo, o estás en tu casa y alguien te da las gracias por alguna atención, o tu agradeces a alguien por un detalle mínimo, incluso cuando estornudas y te dicen ¡salud! y tú das las gracias, eso implica un cambio radical en tus emociones, porque los actos de agradecimiento definitivamente nos transforman, nos acercan como seres humanos, y lo más importante, nos hacen sentir que somos parte del entorno, parte de un todo, nos hacen sentir que pertenecemos y no estamos solos. Eso es a lo que me refiero cuando digo que el agradecimiento nos integra con el entorno.

Parece algo muy simple, pero es en realidad algo bellísimo que nos transforma profundamente, agradecer y recibir agradecimiento es un acto sencillo que puede cambiarnos la vida.

Reír es también una acción profundamente transformadora, y por eso la asocio con el agradecimiento. Reír para mí es el sentimiento, la emoción, la acción, o como quiera que se le denomine,  es un acto que nos humaniza por excelencia, es decir, reír es lo que realmente hace a un humano un humano. Incluso diría, y esto les puede parecer muy loco, que el acto de reír es lo que realmente nos hace diferentes de otros animales, mucho más que la capacidad de razonar. Yo creo firmemente que reír es el verdadero diferenciador con respecto a otros seres vivos.

Cuando ríes, ocurre algo singular, es un momento mágico en el que tu mente se libera, hay una satisfacción profunda y duradera, porque también es una emoción capaz de transformarte el día entero. Yo he tenido experiencias hermosas con respecto a la risa, de pronto alguien me cuenta un chiste, o alguien dice una palabra equivocada y nos reímos juntos, nos reímos mucho, la risa me cambia el ánimo por el resto del día, incluso vuelvo a reír yo sola ya en la noche recordando el chiste que me han contado o el motivo que ha provocado mi risa.

Sonreír o que la gente te sonría y ría contigo es algo que invariablemente te hace el día. La vida se ve con otros ojos, se siente de otra manera, huele de otra manera, sabe de otra manera, porque reír te limpia el alma, te despeja la mente, limpia la percepción de lo que te rodea y te refresca la consciencia de la realidad.

Cuando ríes sientes algo extraordinario que no se puede comparar con ninguna otra sensación, no hay otra cosa que haga ese tipo de transformación en tu día, que le de esa grandiosidad a tu vida, porque bueno, ganar el premio Nobel debe ser algo extraordinario que te dé alegría y te haga sentir grandioso durante mucho tiempo, pero no necesariamente transforma las cosas simples de tu día a día.

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Yao Arroyo

Tecnóloga paradójicamente humanista, amante incansable de espíritu libre y sonrisa amplia. Defensora de los Derechos Humanos – cuando le da tiempo- y de vivir la vida desde la perfección del alma.

Los Calzones de Guadalupe Staff

Aquí hablamos de lo que importa decir, que es generalmente lo que nadie quiere escuchar

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