Reconciliándose con el amor

                                                                       

por La Orgullosa

El camino que la mayoría de las mujeres recorren en el amor hoy es largo y tortuoso. Muchas veces no se puede culpar a los padres porque la generación anterior tuvo más solidez a la hora de enfrentar sus compromisos. Tal vez, en todo caso, la conducta emocional de las mujeres se deba a la influencia de los estereotipos sociales, absorbida de manera inconsciente a través de los medios de comunicación.

 

La verdadera responsabilidad de los éxitos y fracasos amorosos recae en nosotras mismas. En lo personal, me costó mucho trabajo aprender las lecciones necesarias para relacionarme adecuadamente con el sexo opuesto. En alguna ocasión, mi cuñada me dijo que estaba enamorada del amor, y en ese momento no le entendí.

 

Cuando “te enamoras del amor” realmente no percibes a la persona que tienes enfrente. No te das cuenta de sus defectos, su compatibilidad o incompatibilidad contigo, y lo único que deseas es que te haga sentir esa sensación arrobadora que provoca el hecho estar enamorada. Pero cuando enfrentas la realidad y descubres con quién te enganchaste realmente, comienza la desilusión y la tristeza por las transgresiones permitidas.

 

En mi generación se tuvo que reflexionar acerca de las relaciones entre sexos, puesto que empezaron a proliferar los divorcios y los problemas de pareja. Se comenzó a hablar de individualismo, de egoísmo, de codependencia, inteligencia emocional y otros conceptos de la psicología, en un intento por descubrir lo que nos estaba ocurriendo. Actualmente, la situación se ha agravado y los jóvenes dudan, incluso, de establecer un compromiso a largo plazo.

 

En el caso de las mujeres, me atrevo a decir que son nuestras inseguridades las que socavaban nuestras relaciones sentimentales. Ese sí es un factor cultural, de los muchos que permean socialmente, que influye en la manera en que nos vemos a nosotras mismas.

 

En lugar de valorar nuestros talentos, habilidades y personalidad únicos, intentamos desde el principio complacer al otro, como si fuera nuestra última oportunidad de tener pareja, y le rendimos pleitesía a la personalidad masculina sin siquiera cuestionarnos. Ese aspecto es, sin duda, una de las herencias del machismo que prevalece en muchas partes del mundo.

 

La formación académica, la cultura y la preparación que pueda tener una mujer cuentan poco o nada a la hora de mantener una relación saludable. Es necesario, antes que nada, aprender a conocernos a nosotras mismas, descubrir nuestras necesidades, nuestros verdaderos deseos. No podemos decir sí a todo de manera gratuita, transgrediendo una y otra vez los valores con los que fuimos educadas, y nuestra misma integridad personal. La confianza en una misma y la certeza de tener derecho al bienestar individual son las piedras angulares sobre las que se asienta nuestra capacidad de relacionarnos sanamente.

 

El tiempo que toma aprender estas verdades se eterniza en el seno de muchos matrimonios sin equidad, en detrimento de la mujer. Pero el sufrimiento es el mismo para quien decide mantenerse soltera o intenta rehacer su vida tras un avasallador divorcio.

 

En mi caso, tuve que transitar varias relaciones tóxicas para aprender a respetarme a mí misma y anteponer mis necesidades a las de mi pareja. El sufrimiento se acumulaba hasta conformar una montaña de amargura que me dejaba maldiciendo al sexo opuesto y estaba destruyendo la inocencia inicial y el deseo de vivir en pareja. La amargura me venció y veía al amor como un absurdo fenómeno que únicamente enajenaba mi mente y me hacía perder el juicio.

 

No obstante, al hacer un recuento de lo vivido, la frustración se volvió aprendizaje y crecimiento. Me convertí en una mujer completa, capaz de construir su propia felicidad. La madurez adquirida me hizo volver la vista al mundo para devolver el amor que me provocaron las enseñanzas recibidas. Me perdoné por mis errores, por todas las veces que dije sí cuando debí decir no. Y perdoné a quienes me humillaron y tomaron ventaja de mi personalidad a medio construir.

 

Hoy soy una mujer satisfecha consigo misma, abierta al amor a partir del respeto mutuo. Sé lo que quiero para mí y reconozco a quien me lo puede dar. Aprendí a valorar mi soledad y a descansar mi mundo sobre mis espaldas. Asombrosamente, sigo siendo la misma romántica de siempre, con un corazón limpio dispuesto a amar de igual a igual.

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La Orgullosa

Amante del amor y la sexualidad en todas sus formas. Fogosa y apasionada. Impulsiva y testaruda a más no poder. Interesada en los temas prohibidos y controversiales. Se cree poseedora de la razón, y es investigadora incansable de los misterios de la psicología humana.

Los Calzones de Guadalupe Staff

Aquí hablamos de lo que importa decir, que es generalmente lo que nadie quiere escuchar

Tags   amor, pareja, relaciones, La Orgullosa

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