Política, una vocación de servicio

por Gina Corte

 

Es un clamor generalizado a nivel mundial el repudio que los ciudadanos vienen experimentando por la clase política. Con sus matices en cada nación, la forma original de hacer política, iniciada desde los comienzos de la civilización, y delineada en sus principios básicos por la Roma antigua, llega hasta nuestros días con un contenido casi carente de significado. No pretendo hacer un análisis exhaustivo de la democracia contemporánea, tanto la hueca como la pretendidamente real. Ni tampoco quiero expresar una creencia ideológica en concreto. En lo personal creo que estamos llegando a un punto de inflexión en las formas habituales de gobernar al mundo. Hay ejemplos de autoritarismo y mesianismo en todo el mundo. También servidores públicos de alto rango que se han preocupado auténticamente por ejercer una influencia benéfica desde sus distintos cargos, como el expresidente de Uruguay José Mujica, que para mí representa uno de los ejemplos más loables, aunque algunos de los ejecutivos de Wall Street, el FMI, y demás fauna puedan tacharlo de “ingenuo e idealista”.

 

No sé si alguna vez existió la mística del servicio a la comunidad. Pero en todo caso esa es la razón que me hubiera llevado a involucrarme en la política de mi país, y coadyuvar a resolver los problemas más ingentes de nuestra sociedad. Sabemos historias interminables de políticos corruptos que abrazan su carrera en busca de poder y dinero. Nuestro vecino país del norte puso de moda el “desfile” político a la hora de presentar a los candidatos aspirantes a la presidencia. Convirtiendo las elecciones democráticas en todo un espectáculo en el que lo menos importante eran los principios rectores de cada partido, y sus verdaderas intenciones de cambio.

 

Años después, el virus se ha propagado a nuestro país, pero no es muy diferente en el resto de las naciones tanto de primer mundo como las llamadas “tercermundistas”, o eufemísticamente “economías emergentes”. Ante tal descomposición de la clase política la gente en nuestro país comenzó a albergar sueños de libertad, y el deseo de la aparición de un verdadero líder en el escenario político. Nuestro país está convulso, son varios problemas graves los que lo aquejan. Honestamente deseo que el líder elegido por la mayoría esté a la altura de las circunstancias que este momento histórico exige. De cualquier forma, los anteriores gobernantes, hasta en los escenarios locales más insignificantes han hecho gala de una rapiña desmedida y de un deseo nulo por encarar los problemas que mantienen en condiciones de injusticia a la gran mayoría de los mexicanos, y en la impunidad a aquellos que han propiciado el caos y han tratado de sacar ventaja de la crisis que afronta la sociedad mexicana.

 

Pese a todo yo soy optimista. Pienso, como suelen decir, que el pueblo engendra el gobierno que se merece. Y cuando la historia reclama un líder, tarde o temprano este termina apareciendo. Confío en que la conciencia política de los mexicanos ha ido cobrando forma. Todos estamos al tanto de los males que ensombrecen la vida política de nuestra incipiente democracia. Todos estamos cansados de juegos de poder que no satisfacen más que a la clase política camaleónica que ha sabido aferrarse al poder una y otra vez. Nadie olvida el FOBAPROA, y los innumerables errores de nuestros diferentes gobernantes. Los padres de los 43 siguen en pie de lucha, las mujeres combaten a brazo partido por su derecho a la seguridad en una sociedad eminentemente patriarcal.

 

Nos queda mucho por recorrer. Pero ya se nos ha caído la venda de los ojos, y con sabiduría el pueblo hallará su camino hacia la construcción de una democracia real, o de un sistema justo que sin importar su nombre traiga equidad para la mayoría, y distribuya la riqueza del país con mayor justeza. Vamos cobrando conciencia de nuestros derechos como individuos, en un país complejo, pero con suficiente riqueza natural, iniciativa personal, creatividad, ingenio y entusiasmo para enderezar el rumbo antes de saltar del barco cobardemente.

 

Solo deseo que entre todos expulsemos a esa fauna política que ha medrado sin tregua a partir de nuestra patria. Los mexicanos más honestos y moralmente solventes son los que deben formar una nueva clase ya no política sino rectora y directamente vinculada con la sociedad civil. Se está intentando organizar las nuevas sociedades en función de la directiva y las necesidades de la población, nuestro país puede lograrlo. Requerimos de creatividad para enfrentar esta transición y proponer nuevas formas de gobierno. Muchos pensaran que sueño despierta, pero confío en la inteligencia de mis conciudadanos y en el esfuerzo que todos los días invierten para subsistir en esta sociedad desigual en la que los políticos son los menos interesados en promover un desarrollo sostenible que beneficie a todos.

 

Es momento de rescatar la mística del servicio comunitario, y elegir a través de nuestro voto individuos comprometidos especializados en las distintas ramas del quehacer social que formen un bloque cerrado con sus representados. Y así mismo, crear mecanismos para concretar en la práctica cada una de las necesidades del país, considerando el beneficio de la mayoría.

Los Calzones de Guadalupe Staff

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Tags   política, servidores públicos, gobernantes, cámaras

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