Nunca es tarde

FUENTE:  Free-photos/Pixabay                          

Por Vandi TA

JULIO 16, 2018

¿ Cómo demonios puedes comenzar a escribir o contar algo cuando no tienes realmente una historia para contar o la inspiración suficiente en qué basarte? Comienzo a pensar que esto de escribir es una mala idea, no soy una escritora y tampoco nací para serlo.

¿Cómo pude llegar a pensar que alguien como yo podría crear una historia? Ya sea de cuentos de hadas o en la que el protagonista sea un espía en busca de algún criminal o la más maravillosa y loca historia de amor o la de un señor que se vuelve loco y mata a un pueblo entero.

No, realmente es una locura. Alguien como yo no puede escribir algo tan exitoso o con tanta pasión, y es que nadie dice que sea algo fácil, pero claro ¿qué cosa en esta vida lo es? ¡Qué tonta!, claro que nada es sencillo, hasta los libros lo dicen, toda magia tiene un precio, toda cuesta arriba es cansada, pero al final la vista será asombrosa.

Eso me recuerda alguna cansada clase de motivación, la más aburrida del mundo. El maestro parece hippie, y no es que yo tenga algo en contra de los hippies; de hecho, me llama la atención ese rollo del aura y las buenas vibras, eso de ser pacífico ha de estar chido, el punto es que mi hippie maestro, quien se supone que da la clase, es un psicólogo medio malviajado que nos lleva a gente con historias medio crudas y macabras para que nos cuenten alguna extraña experiencia con alguna lección de vida.

¿Cuáles han sido las lecciones? Ni me pregunten porque acostumbro no poner atención. La única vez que realmente pelé al mentado psicólogo fue cuando nos habló de la importancia de seguir los sueños y la jalada —la verdad es que siempre me dio flojera escuchar eso—, algo que siempre se me hizo tan repetitivo y sin sentido… y es que, realmente, ¿cuántas personas logran cumplir sus sueños? La mayoría se ven truncados por los papás, porque no hay dinero, porque nos cansamos de ir tan lento, porque mucha gente nos dice que no nacimos para eso o, simplemente, no se puede. Es desesperante o súper viajado pensar que, de verdad, podremos lograr nuestros sueños un día de estos.

Pero tal vez ese día escuché a la persona equivocada. Recuerdo que después mi abuelita me lo dijo de la manera más dulce y tierna que podía existir en el mundo. Antes de que me lo dijera, le había contado mis aspiraciones y, llorando, con la mano en el corazón y la mirada perdida en el techo, me dijo: “Mi vida, ¡qué hermosos sueños tienes!, espero en Dios y deseo de todo corazón que logres cumplir cada uno de ellos”, y extrañamente le creí.

Ese encuentro ha sido de las motivaciones más bonitas que he tenido en la vida, me hizo sentir que podría contra todo, que no habría barrera que me detuviera en el camino, y comencé a encomendar mi sueños a Dios, y a culparlo —junto con mi abuela— cada vez que no se lograban. Evidentemente, volví a perder la ilusión y a creer que la vida era muy complicada, que cualquier anhelo o meta era inalcanzable.

Luego, escuché de alguien que los sueños y la felicidad eran inventos para frustrar la vida de la gente; es decir, que para ser pleno era necesario cumplirlos todos, y eso en lugar de alentarme me llevó a abandonarlos. No obstante, al reflexionar mejor, entendí que aquellas palabras podrían interpretarse de otra manera, que quien me las dijo trató de expresarme que la vida es una y que no podemos frustrarnos si, en ocasiones, las cosas no salen como queremos o esperamos.

Si hoy nos da flojera ser el número uno, no va a pasar nada si decidimos ser el cinco porque la vida no se trata de ser feliz todo el tiempo, ¡qué aburrido sería que todo nos saliera bien, que nunca nos hiciera falta algo! Eso no tendría chiste, no sería necesario trazarnos objetivos, no habría motivos para celebrar, no existiría el entusiasmo que nos impulsa a luchar por algo.

También entendí que no todo es cuestión de Dios, del destino o del karma, esas son excusas bobas que nos sirven para justificar nuestra flojera o lo poco que hacemos realmente para obtener lo que decimos que queremos alcanzar.

No hay misiones, no hay momentos, solo existimos nosotros y nuestras motivaciones. ¡Tooodoooo es posible!, solo es cuestión de que queramos levantar el trasero y salir a luchar por lo que merecemos (sí, Odín Dupeyrón dijo todo eso, pero es real), es cuestión de salir de la zona de confort, de comenzar a hacer lo posible para alcanzar lo que perseguimos —obvio, sin lastimar a nadie, siempre sabrá mejor un logro cuando es limpio, claro y lleva tatuado el mérito propio.

Hay que tener siempre presente que mientras se tengan ganas, todo será posible; por ejemplo yo, no podía escribir un texto, una gran historia, pero cada día lucho más por mi sueño, y hoy me lees aquí, y daré todo lo que tengo para que en un futuro leas mi libro.

Aquí hay poco más de mil palabras que quizá no sean las mejores, pero que demuestran que con un deseo verdadero, esfuerzo, disciplina y mucho corazón podemos obtener muchos frutos, a veces más o a veces menos de los que imaginamos pero que nos estimulan para seguir avanzando.

 

Toda cuesta arriba es complicada, pero al final… ¡la vista será asombrosa!

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