Crónica Segunda:

¡Necesito subtítulos!

FUENTE: Plaza Constitución. Montevideo. Wikimedia Commons.

Por SAMANTHA FLA

Después de mi aventura en el aeropuerto con la maleta morada tratando de entender el portugués, llegué a Uruguay, pensando en que los problemas de comunicación se habían terminado, pero tal como me pasó la vez anterior, lo primero que pensé al hablar con la gente es: ¡necesito subtítulos!, en español por favor, en español mexicano, o neutro (como le dicen ellos).

Mi percepción de los uruguayos es que, además de su típico cantandito y su pronunciación sh (que nos parece fascinante), hablan arrastrado, rápido y no abren la boca. Si de por sí el voceo y el cambio de conjugaciones es un poco complicado, intenten entenderlos cuando dicen: “ché, vi’te comió del tupper”, “querés una milanga”, “ando medio mortadela”, “qué bolazo”, “bo’ vamo’ por las fresquitas”, “¿tenés guita?” o su tan recurrido “tá”. Así como los mexicanos somos famosos por nuestra jerga (chale, chido, neta, güey), ellos y su lunfardo complican la vida a cualquiera.

Pasaron los días y me fui acostumbrando al tono, a la conjugación de verbos, a sus modismos, pero me encontré impedida a utilizarlos, creo que es por querer conservar mi identidad, mi mexicanidad, no lo sé, lo único que pude decir para dirigirme a alguien, es el famosísimo ché, pero hasta ahí, así que cada vez que hablaba con alguien se hacía evidente que no era de ahí (aunque, por las características físicas no hace falta hablar para delatar que soy extranjera).

Durante el tiempo que estuve ahí conviví con varias personas, gente que ya conocía de antes y gente nueva. Lo más difícil de estar ahí no es que hablen contigo, porque parece que se esfuerzan por hacerse en entender, el problema es cuando hablan entre ellos, a veces resulta indescifrable lo que dicen. De manera particular conviví con un profesor de la universidad pública de Uruguay y fue un triunfo entenderle, así que un día que estamos veraneando, le pregunto al catedrático de la Facultad de Derecho de la Universidad de la República (¡qué tal eh!), qué quiere decir guacho, me dice: guacho es un gurí, un botija, un pibe, un pendejo que no tiene padres (entendí hasta que dijo pibe), bueno es su acepción inicial, pero igual se le dice guacho a cualquier gurí, (está clarísimo), pero no queda ahí, se me ocurre preguntar cuál es la diferencia entre boludo y pelotudo y me dice: ninguna, me deja igual, creo que preguntarles a ellos todo esto es como cuando a nosotros nos preguntan qué quiere decir chale, no tenemos una explicación científica pero lo entendemos entre nosotros, tiene muchos significados y aplicaciones. Entonces pienso, será muy catedrático de la universidad, pero no entiendo qué dice, afortunadamente como hay confianza le puedo pedir que repita lo que dice las veces que sea necesario, aunque a veces era inútil.

Casi al final de mi viaje, ya era capaz de platicar con cualquier persona que me encontraba en el ómnibus (sí, así le dicen a los autobuses), y de entender sus conversaciones, tampoco es que hablen en chino (como los brasileños), pero estoy segura de que la próxima vez que regrese necesitaré subtítulos de nuevo porque el lenguaje, los modismos, la jerga evoluciona, cambia y lo que decían antes ya no lo usan ahora.

Un día cualquiera, en la Plaza Constitución me abordó un hombre, me platica que es escritor, que fue docente de la universidad, que es comunicólogo (yo también), y que está vendiendo su libro de cuentos porque ahora es escritor independiente, me promete un libro de cuentos de realismo mágico interesantísimos, lo compro porque recuerdo que mi prima es escritora independiente también y está igual que él, vendiendo sus letras al mejor postor. Así que lo compro y platicamos un momento, inmediato me reconoce como mexicana y me dice que le encanta el acento mexicano (¿neta?), pienso ¿el acento mexicano?, si comparado con ellos nosotros somos planos al hablar, me dice que es melodioso (seguro me quiere ligar), y sí, así como son de directos los sudamericanos me dice que es soltero, que tiene 38 años y que me invita a salir, como buena poblana que soy le digo que nos podemos ver algún día, pero no intercambio mayor información con él. Así mi conquista involuntaria me confirma que el lenguaje, el tono y la forma en que nos comunicamos nos hacen totalmente únicos (y fascinantes para otros), aunque unos buenos subtítulos (porque el doblaje no me gusta) no nos vendrían mal.

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