Naturaleza masculina

 

 

                                                                         

por Aitana Lago

Recientemente platicaba con un colega sobre un tema que me ha preocupado desde hace tiempo, pues es una historia que se repite una y otra vez. No se crean que no he indagado, tengo a mi gurú del mundo masculino, un amigo con el que tengo toda la libertad de platicar, discutir y preguntar sobre los malditos hombres.

 

En esta ocasión se me ocurrió consultar a un profesional de la salud mental —y, además, hombre— sobre un comportamiento que he observado muchas veces en el género opuesto, un comportamiento hacia mí y hacia otras mujeres. No me refiero a la infidelidad, o a su necesidad de “esparcir su semilla” por donde puedan y se dejen, sino de algo un poco más complejo —creo yo—. Ahora les cuento.

 

No es nuevo que una pareja salga, se conozca, decida seguir saliendo o incluso andar, hacer la relación más formal; luego, todo irá bien por un tiempo, todo será recíproco, se buscarán, se querrán, habrá mensajes, arrumacos y pláticas interminables, se la pasarán bien, digamos. Tanto él como ella buscarán mantener la relación, se comunicarán, se procurarán, se extrañarán y, pasado el tiempo, la mujer seguirá buscándolo y procurándolo, mientras que el hombre se alejará un poco, irá dejando espacios más prolongados para la comunicación. Y ahí es cuando surgen las preguntas: ¿se habrá aburrido?, ¿habrá encontrado a otra mujer más interesante?

 

Al respecto, considero que son diversos factores los que hacen que la relación llegue a ese punto —es decir, al desinterés de él y a la resignación de ella, hasta que finalmente se alejan—. Aquí lo interesante no es que se distancien y que todo termine, sino que transcurren las semanas, los meses o incluso los años y ella deja de pensar en él, y aunque no es fácil hace un gran esfuerzo por dejarlo ir.

 

Hasta ahí todo tranquilo, pero parece que ellos huelen cuando ya no forman parte de la vida de ellas y entonces regresan: un mensajito, una llamada, una visita y luego el contacto comienza a ser más frecuente, quieren recuperar a la mujer, pero ¿por qué?

 

Mi colega —que más que como psicólogo me respondió como hombre— me dijo lo siguiente (palabras más, palabras menos): “Nosotros somos seres visuales y si vemos algo que nos gusta vamos tras ello, eso quiere decir que tal vez si alguien nos gusta un día, mañana será otra persona; pero no solo eso, sino que, por lo regular, cuando nos sabemos en una relación estable, nos asustamos, no estamos preparados para el compromiso emocional, nuestro instinto nos dice que huyamos y es por eso que, a veces, encontramos cualquier pretexto para irnos, y eso lo hacemos para sobrevivir”, según él. “Además —agregó— el hombre cree que al estar en una relación (del tipo que sea), la mujer le pertenece y por eso se va con la seguridad de que si regresa ella lo estará esperando forever-and-ever”.

 

“Entonces —le pregunté— ¿es algo que provocamos las mujeres?, ¿es algo que hacemos mal y que les hace pensar que pueden regresar cuando quieran?”, y él —muy apacible y sabio— me contestó: “¡No!, es pura naturaleza masculina. Creemos que las tenemos seguras, pensamos que nosotros somos los únicos que podemos llegar, irnos, ser infieles, vivir otras aventuras y regresar. No pensamos en que ustedes, al igual que nosotros, tienen necesidades y pueden actuar de la misma manera”.

 

“¿¡Pero por qué regresan!?”, insisto. “Porque después de probar otras experiencias, otras bocas y otros cuerpos solemos darnos cuenta de que la persona de la que nos alejamos era valiosa, divertida, más interesante, mejor amante o simplemente estaba más buena y como algunos de nosotros nos creemos Juan Camaney, pensamos que nos van a estar esperando con los brazos abiertos o con un negligé negro todo sensual”, me responde.

 

Seguramente habrá muchas mujeres que no logran cerrar ciclos o superar las relaciones y están dispuestas a volver con el amado amante, y no las culpo ni juzgo, solamente que yo me lo cuestiono porque me quiero más que a los demás y por eso me cuesta mucho trabajo volver a la página de una historia que ya pasó y es que creo firmemente que estampita repetida no completa álbum.

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Aitana Lago

Psicóloga -de esas que están más dañadas que los pacientes- experimentadora de la vida, cuentera, soñadora y solitaria eterna. Regala vivencias de amor, sexo y venganza para una vida feliz.

Los Calzones de Guadalupe Staff

Aquí hablamos de lo que importa decir, que es generalmente lo que nadie quiere escuchar

Tags   hombres, relaciones, naturaleza masculina, Aitana Lago

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