Morir por ser mujer

 

 

                                                                         

por Eréndira Svetlana

En México, ser mujer es una causal de homicidio, en nuestro país, ser mujer implica la posibilidad de ser asesinada cualquier día, cualquier mañana de camino al trabajo, en el trayecto para ir a la escuela, cualquier tarde cruzando un parque o una calle, cualquier noche de regreso a casa, en el transporte público, a pie, o incluso abordando un taxi. En México ser mujer es vivir con miedo, es conocer la naturaleza exacta del terror, su constante acecho, es adaptar tus rutinas y tu vida a los límites asfixiantes del temor de ser atacada, de ser violada, de ser asesinada; es saber que puedes convertirte en parte de una estadística alguna vez en tu vida, saber que puedes ser golpeada, apuñalada, calcinada, estrangulada o asfixiada, saber e imaginar desde que tienes conciencia de tu género, que tu cadáver puede acabar cualquier día en un canal, en un lote baldío, en un contenedor de basura, en una barranca, después de haber sido abusada, degradada, brutalmente golpeada y tal vez torturada con saña.

 

El feminicidio es en nuestra sociedad una realidad cada día más extensa, más palpable, un fenómeno que se torna epidémico ante los ojos horrorizados de las mexicanas, aun así, una verdad cada vez más ignorada, soslayada por la sociedad en su conjunto, minimizada por las instituciones de justicia, invisibilizada por el Estado.

 

Según cifras de la ONU, cada día mueren en México 9 mujeres por el delito de feminicidio, pero lo grave de este hecho es que nadie hace nada, la realidad de nuestro país es que las cifras se hacen a un lado, se justifica la violencia, se culpabiliza a las víctimas, se les atiende con apatía y desinterés, la justicia y el estado las revictimiza cuando ya están muertas y no pueden defenderse por sí mismas: “se lo buscó por andar sola de noche”, “se lo merecía por vestirse así”, “en el fondo les gusta que las violen”.  Estas y otras frases con una fuerte connotación misógina y machista son el atenuante cotidiano con que las instituciones procuradoras de justicia, la sociedad y el Estado normalizan la violencia contra las mujeres.

 

El primer muro al que se enfrenta el reclamo de atención y de justicia ante el feminicidio en nuestra sociedad es la incertidumbre frente a las cifras, nadie sabe con exactitud cuántas víctimas de feminicidio hay realmente en el país, cuántas en cada estado, en cada ciudad, los números cambian dependiendo de la fuente que se consulte, son unos para el INEGI, otros para el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) cuya responsabilidad es dar un reporte mensual de las cifras de delitos que se cometen en nuestro país, entre ellos el feminicidio. Según este organismo, en 2018 hubo 3,607 mujeres asesinadas en México, pero de ellas 2746 se clasificaron como víctimas de homicidio doloso y solamente 846 se catalogaron como feminicidios. Para el INEGI, en cambio, las víctimas por feminicidio ascienden a cerca de mil ese mismo año.

 

Sin embargo cuando se consultan los datos de organizaciones no gubernamentales que atienden el feminicidio, o periodistas independientes y activistas que siguen los casos por entidad, las cifras son totalmente diferentes. María Salguero, creadora del Mapa Nacional de Feminicidios, -una herramienta digital que recopila con geolocalización las muertes violentas de mujeres en México-, cuenta que en 2017 analizó reportes de 2,205 mujeres asesinadas. De estos, estima que 1,159 podrían ser considerados feminicidios. Para Frida Guerrera, activista y periodista independiente que registra las historias de mujeres asesinadas en el país, las cifras son aún mayores, pues sus investigaciones arrojan un total de 1,831 mujeres asesinadas para el mismo año.

 

El hecho de que no existan cifras uniformes ni confiables sobre los casos de feminicidios en México, es una muestra clara del poco interés institucional que existe para abordar esta problemática, de la nula seriedad del Estado Mexicano para emprender acciones de fondo que prevengan este delito y le pongan un alto. Y es que a pesar de que la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) estableció desde el año 2013, en su sentencia 554, que “Todas las muertes violentas de mujeres deben ser investigadas como feminicidio, con perspectiva de género y con base en los estándares internacionales más altos”, la mayoría de las investigaciones sobre feminicidios se inician como homicidios dolosos y muchos de ellos como supuestos suicidios, a pesar de los indicios que pueden encontrarse en el lugar del hallazgo, de dictámenes que evidencian lesiones u otros elementos compatibles con un feminicidio, incluyendo los propios antecedentes o contexto de violencia en el que se encontraba inmersa la víctima.

 

En México no podemos contar con exactitud los feminicidios porque no sabemos cómo investigarlos. Un feminicidio es simplemente el asesinato de una mujer por el simple hecho de serlo, y es la representación más extrema de la violencia de género en nuestro país. El contexto sociocultural en el que es posible un feminicidio pasa por la discriminación hacia las mujeres, por el maltrato doméstico, laboral, escolar, por la más elemental exclusión social. Según la Organización de las Naciones Unidas, en nuestro país, 6 de cada 10 mujeres mexicanas han enfrentado algún tipo de violencia durante su vida, y más del 40% ha sido víctima de alguna forma de agresión sexual. La consecuencia natural de una sociedad que permite estos hábitos de convivencia social, que los solapa y deja impunes a los perpetradores, es el crecimiento sin control del delito de feminicidio.

 

El asesinato de una mujer por razones de género tiene muy poco tiempo de haberse reconocido oficialmente como delito, como feminicidio, en las leyes mexicanas. Es apenas en el 2012, tras una larga lucha de activistas, familiares, y organizaciones civiles, que se incluyó como delito en el artículo 325 del Código Penal Federal: “Comete el delito de feminicidio quien prive de la vida a una mujer por razones de género, considerándose que existen razones de género cuando concurra alguna de las siguientes circunstancias:”

 

  • Que existan antecedentes de violencia del sujeto activo hacia la víctima.

  • Que existan amenazas del sujeto activo en contra de la víctima.

  • Que haya sido incomunicada previo a su muerte, cualquiera sea el tiempo.

  • Que el cuerpo haya sido expuesto en la vía pública.

  • Que presente signos de violencia sexual.

  • Que tenga lesiones o mutilaciones degradantes.

  • Que haya existido entre la víctima y el sujeto una relación sentimental, afectiva o de confianza.

 

Estas siete causales prueban las razones de género para un homicidio en el caso de las mujeres, según la norma nacional, y la presencia de una sola de ellas es suficiente para considerar el caso como un feminicidio.

 

Sin embargo, cada estado de la República, cada procuraduría de justicia estatal, interpreta esta norma según su propio criterio (o el de las autoridades estatales correspondientes), por lo que no hay en realidad consenso nacional sobre lo que es un feminicidio, cada estado investiga los asesinatos de mujeres de forma distinta y reporta lo que mejor le conviene, y así tenemos por ejemplo que en Sinaloa todas las muertes violentas de mujeres son consideradas feminicidios, mientras que en Baja California Sur, donde la tasa de feminicidio supera las 20 mujeres por cada 100 mil habitantes, los Ministerios Públicos no reportan ni un solo feminicidio porque todos son considerados homicidios dolosos.

 

A pesar de las enormes diferencias y los distintos criterios, cualquiera que sea la fuente de información consultada, la tendencia es definitiva, en México cada vez hay más asesinatos de mujeres por razones de género, y hemos alcanzado un máximo histórico, como señalan diversos organismos institucionales y organizaciones civiles, nunca en nuestro país había habido tantas muertes por feminicidio.

 

Y aunque se podría argumentar que la violencia ha escalado de manera igualmente escandalosa en México en lo que respecta a cualquier tipo de crimen, es verdad también que en lo relativo a la violencia de género, las mujeres seguimos siendo la mayoría de las víctimas, padeciendo a lo largo de toda nuestra trayectoria de vida violencia en el ámbito público, en el privado, en el institucional, sometidas siempre a situaciones que nos excluyen, que nos discriminan y nos violentan debido a las desigualdades de poder socialmente establecidas entre hombres y mujeres, desigualdades que se reproducen en cada una de nuestras instituciones sociales.

 

El feminicidio es considerado “la violación más grave a los derechos humanos de las mujeres”, así como una de las manifestaciones más extremas de la discriminación y violencia contra ellas. Es en realidad un delito de odio, pues es a través del asesinato de una mujer, de la forma brutal y con saña con que se lleva a cabo la mayoría de las veces, como se expresa la discriminación y el odio que en nuestra sociedad misógina se tiene hacia las niñas y las mujeres.

 

El problema es realmente grave, sus alcances son cada vez más profundos, dan cuenta de una sociedad estancada en el atraso, cuyo tejido social se sigue desmoronando de forma alarmante, y en ese desmoronamiento las mujeres siguen llevando la peor parte. La gravedad es patente dentro y fuera del país, incluyendo a los organismos internacionales. A finales del 2018 el Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer de las Naciones Unidas hizo una serie de recomendaciones al Estado mexicano para frenar los altos niveles de violencia contra la mujer.  Para este organismo, el combate a la violencia de género  debe partir de un enfoque multidimensional que involucre a toda la sociedad, a las instancias estatales, los sobrevivientes de la violencia, las organizaciones civiles, incluso a los integrantes de la academia. Es una necesidad imperiosa trabajar en la prevención, generar información estadística congruente y confiable, fortalecer las instituciones de justicia existentes, proveer servicios de calidad a las víctimas y promover marcos normativos y de políticas públicas con perspectiva de género.

 

Pero las autoridades han hecho caso omiso de todas estas recomendaciones. La ausencia de la perspectiva de género en el diseño de políticas públicas ha provocado una clasificación incorrecta de los delitos, se atiende mal en instancias como los ministerios públicos y, como resultado, los crímenes nunca se esclarecen, los responsables no son castigados, las soluciones propuestas no tienen ningún impacto real.

 

Mientras el gobierno federal siga ignorado que la política de seguridad pública va de la mano de la de la prevención y sanción de delitos en contra de las mujeres, nada va a cambiar en nuestro país. Porque violencia de género y feminicidios no son dos problemáticas distintas, son dos caras de una misma realidad, la de una sociedad que discrimina a sus mujeres, que las culpabiliza de antemano por el hecho de serlo, que las desprecia y les niega libertades básicas y accesos elementales, a la justicia, al desarrollo, a la plenitud, al derecho más elemental, que es el derecho a la vida y la dignidad. 

 

Para activistas de los derechos de las mujeres como María Salguero, el feminicidio es un crimen de Estado, porque su prevalencia obedece a la indiferencia de las instituciones, a la impunidad con que se trata el delito desde todas las instancias, a la tolerancia con que se trata la discriminación de género y la normalización, la banalización de la violencia. Es verdad, tenemos un Estado patriarcal al que no le preocupa demasiado que nos maten por ser mujeres, que nos violenten en todos los espacios, el público y el privado.

 

México sigue siendo un país machista y misógino, que alberga una sociedad patriarcal, su peso se siente con fuerza implacable en el cruce de una calle solitaria en cualquier ciudad, donde un hombre por el hecho de serlo, sin importar su condición social ni su estatus económico, se siente con el derecho de someter o intimidar a cualquier mujer, de ejercer contra ella su odio y su violencia, de denigrarla y si lo desea, matarla por su género, por ser mujer y sentirse ante ello indefensa.

Los Calzones de Guadalupe Staff

Aquí hablamos de lo que importa decir, que es generalmente lo que nadie quiere escuchar

Tags   feminicidio, violencia de género, discriminación de género, Eréndira Svetlana

  • Black Facebook Icon
  • Black Twitter Icon
  • Black Pinterest Icon
  • Black Instagram Icon

Post  Relacionados

Captura de pantalla 2019-07-17 10.06.19.

¡Se trata de respeto!​

      

Captura de pantalla 2019-07-17 10.58.14.

Mejor vete, Cristina

       

Captura de pantalla 2019-07-17 10.29.05.

Me estás excluyendo a mí