Me Too

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Por MARIANA TRISTÁN

El movimiento de reivindicación feminista que ahora todos conocemos como “Me too” empezó en octubre del año pasado cuando un grupo de actrices connotadas de Hollywood denunciaron en distintos medios periodísticos estadounidenses el acoso y abuso sexual del que habían sido víctimas a manos del multimillonario productor y ejecutivo de Miramax, Harvey Weinstein.  En realidad, sólo han pasado 5 meses desde que estas denuncias se hicieron públicas e hicieron que Hollywood y el mundo del espectáculo en general se cimbrara hasta la médula. Sin embargo, de pronto parece que hubiera transcurrido mucho tiempo desde entonces, porque son muchas las cosas que han pasado en todo el mundo relacionadas con esto después de que inició el escándalo.

 

De ser una noticia limitada al acontecer de Hollywood, en muy poco tiempo las denuncias se transformaron en un hashtag, el “#Me too”, que de manera incontenible se regó como la pólvora en las redes sociales del mundo entero, incendiando literalmente los ánimos de la gente y convirtiéndose en unos cuantos días en un auténtico movimiento revolucionario y cultural. Las razones de que esto haya sucedido son múltiples, y aunque a veces parezca complicado entenderlas, en realidad la explicación del fenómeno es simple. El acoso y el abuso sexual hacia las mujeres especialmente, es una práctica habitual en nuestras sociedades patriarcales y todavía muy machistas, no hay tal vez una sola mujer que no haya pasado por una experiencia de acoso sexual a lo largo de su vida, aun cuando ésta sea mínima. Guardar absoluto silencio sobre estas conductas también es un hábito arraigado en cualquier ambiente. Por eso, en el momento en que alguien con la fama y la influencia de Angelina Jolie o Reese Witherspoon se atreve a denunciar su experiencia personal de acoso, basta con el pretexto de un hashtag para que una colectividad universal de mujeres que han sufrido lo mismo durante generaciones, desate su indignación y su abominación en las redes sociales.

 

Yo me enteré de las denuncias leyendo un reportaje en el New York Times, el que tal vez tuvo más impacto en los medios y desató la furia de las redes sociales. En aquél reportaje se detallaba la naturaleza  de las experiencias de acoso de varias de las actrices que iniciaron la denuncia, encabezadas por Gwyneth Paltrow, quien relataba a su entrevistador de qué manera el monstruoso magnate de la cinematografía, el señor Weinstein, había tratado de abusar sexualmente de ella en un hotel, cuando la actriz tenía apenas 22 años y confiaba en que el productor le ayudara a  iniciar su carrera hacia el estrellato. Mientras leía los detalles escabrosos de ese encuentro espantoso en que la actriz había sufrido los avances sexuales de este hombre perverso y degenerado, siendo ella tan joven, recordé inevitablemente mis propias experiencias de acoso sexual, las que viví también más o menos a esa misma edad. Dice Gwyneth que al momento de sufrir el acoso del señor Weinstein ella era todavía una niña, que no supo qué hacer, que se sintió petrificada. Y la verdad, no puede haber mejor descripción de lo que siente alguien que es víctima de un acoso sexual, de una insinuación, de un avance de esta naturaleza que puede convertirse en un instante en abuso consumado. La víctima no sabe qué hacer, se siente petrificada ante la situación, como si se te detuviera el corazón y un escalofrío te recorriera todo el cuerpo, como si de pronto estuvieras atrapada en una jaula emocional que no tiene salida. Cuenta Gwyneth que salió inmediatamente de la habitación, que corrió a su auto y manejó de regresó a su casa y mientras lo hacía no dejaba de temblar y de sentir miedo, dice que no dejaba de pensar que había confiado en este hombre en algún momento. Yo recuerdo haber sentido exactamente el mismo tipo de temblor, exactamente el mismo miedo, los mismos sentimientos de confusión. Cuando leía la experiencia de Gwyneth, entendía perfectamente a qué se refería, sabía con exactitud de qué estaba hablando. También entendí perfectamente porqué ella, como tantas mujeres que han sufrido lo mismo, decidió guardar silencio sobre este hecho durante tanto tiempo. Creo que millones de mujeres lo entienden, miles de millones sabemos muy bien las razones por las que nunca antes habíamos hablado de estas cosas con nadie.

 

La razón de que el movimiento “#Me too” se haya vuelto una revolución implacable que está cambiando drásticamente los comportamientos y las sociedades es precisamente esta, el hecho de que la experiencia del acoso sexual y el uso del poder de los hombres para denigrar sexualmente a las mujeres sea algo tan común en nuestro mundo, el hecho de que el silencio y el resentimiento de las víctimas haya durado tanto tiempo, haya atravesado tantas generaciones de mujeres.

 

Tal vez habrá consecuencias atroces de este movimiento, tal vez el odio y la cacería de brujas se desate y transforme nuestra sociedad de formas que no nos beneficien del todo, pero es un hecho que esta revolución llegó para quedarse, para hacer mella en la sociedad, en sus modos, en los comportamientos a los que nos hemos habituado. La razón es muy simple, las mujeres hemos guardado silencio durante mucho tiempo, y ahora que las famosas se han atrevido a hablar de lo que todas hemos vivido, estamos ansiosas por gritar al unísono “Yo también”.

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