​Mátame lentamente

 

 

                                                                         

por Eugenia González

¿Alguna vez se han puesto a reflexionar porqué la gente permanece durante años en relaciones tóxicas?  Yo sí, la verdad, pienso mucho en esas cosas. No nada más en relaciones tóxicas, sino también en todas las cosas locas y sin sentido que hacemos los seres humanos cuando tenemos una relación de pareja. Si lo piensan bien, casi todo lo que hacemos en el amor es un poco absurdo, pero sobre todo esto de las relaciones tóxicas, esas donde uno de los dos integrantes se convierte en un monstruo deplorable y el otro se somete sin quejarse a sus abusos y sus maltratos, casi disfrutándolo. 

Estas cosas tan retorcidas me vinieron a la mente una tarde de esas en que quería despejarme la mente viendo tele ¿les suena a algo conocido?  Estaba en esas, tratando de olvidarme del mundo viendo una película, seguro ya la vieron, se llama "El hilo Fantasma", es una película muy loca, con unos personajes extremos, Daniel Day-Lewis interpreta al protagonista de esta historia, Reynolds Woodcock, un diseñador de moda en el Londres de los años cincuenta que viste a las celebridades y la realeza de Inglaterra. Ya se imaginarán qué tremendo peliculón con este actor como protagonista, recibió muchos premios y nominaciones el año en que fue estrenada, en el 2017, todo el mundo habló de esta película y se escribieron montones de críticas.

Para mí, lo más sorprendente de la película, además de la increíble actuación de Day-Lewis por supuesto, es el drama amoroso que cuenta la trama. Se trata ni más ni menos que de una relación tóxica, qué digo tóxica, es una relación mortal la que se desarrolla en este filme, muy peculiar, claro está, pero sumamente parecida a lo que cualquier hijo de vecino experimenta cotidianamente en un matrimonio tóxico convencional (¿decir matrimonio tóxico será una redundancia?).

Reynolds Woodcock, el personaje principal, no sólo es un diseñador famoso y muy requerido según narra la historia, es también un típico narcisista, un déspota engreído y arrogante acostumbrado a ser respetado y obedecido hasta en el más mínimo de sus caprichos por todos los que le rodean, a controlar y someter a la legión de costureras y trabajadoras que forman el pequeño imperio de la alta costura que dirige junto a su servicial hermana Cyril. En pocas palabras, el hombre este es una fichita, como quien dice. 

Un día Reynolds se encuentra con una mujer sencilla pero con una voluntad férrea (como se verá después en la película), se llama Alma, y muy pronto se convierte en amante y musa del egocéntrico señor Woodcock. Juntos inician una relación muy loca, la verdad sea dicha, muy al estilo sadomasoquista, en donde el hombre, un dechado de virtudes como ya les dije, pone en práctica con esta dulce joven todo su arsenal de sadismo y violencia, el lado más oscuro y cruel de su personalidad destructiva, y por supuesto la inocente y cándida Alma, muy a pesar de la angustia del espectador, pone siempre la otra mejilla.

Desde luego al final de la historia (que no les voy a spoilear, no se alteren), Alma resulta no ser tan cándida ni tan inocente, y Reynolds nos sale con que no es tan sádico como parece y le gusta ser la parte masoquista tanto como a su frágil pareja, algo así como los matrimonios que llevan años dándose con todo y luego ya hasta les acaba gustando. 

En verdad hay escenas muy didácticas en esta película, si alguien quiere instruirse un poco sobre la naturaleza de las relaciones tóxicas yo le recomendaría que la viera sin demora. Uno se queda pensando mucho sobre la verdadera esencia del amor, pero sobre todo haciéndose muchas preguntas, del tipo de ¿porqué son tan comunes este tipo de relaciones? ¿porqué a la gente le gusta que la maltraten?  ¿hay un poco de eso en todas las parejas? ¿tendrá algo que ver el sadomasoquismo con el deseo? ¿o será mas bien que la naturaleza humana es conflictiva y conformista? 

Dicen los psicólogos y los terapeutas de pareja que en una relación tóxica ambas partes sufren en igual medida de algún tipo de patología psiquiátrica, que aunque uno juega el papel de victimario y el otro de víctima, ambos tienen una imposibilidad básica para impedir hacerse daño, y a veces incluso es el agresor el más dañado, porque los dos integrantes de la pareja son dependientes y están afectados por un sentimiento agudo de inseguridad. 

Lo cierto es que las relaciones tóxicas suelen durar muchos años, y ésa es una de sus principales características. Quienes las protagonizan no sólo buscan hacerse daño de todas las formas imaginables (y vaya que echan a volar la imaginación estos personajes), también buscan que eso suceda lentamente, como un veneno leve pero constante, que no te mate luego luego pero te destruya por completo en algún momento. 

¿Les suena familiar?

 

Eugenia González

Politóloga, escritora frustrada, rockera trasnochada, esposa abnegada y madre improvisada, trata de conciliar la vida doméstica con su pasión por el cine, la música y de vez en cuando con su profesión.

Los Calzones de Guadalupe Staff

Aquí hablamos de lo que importa decir, que es generalmente lo que nadie quiere escuchar

Tags   relaciones tóxicas, pareja, matrimonio, Isa González

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