Los Pecados Capitales y nuestra personalidad

FUENTE: Pinterest

Por XÓCHITL NIEZHDANOVA

¿Alguna vez habías pensado que tu forma de ser responde, básicamente, a uno de los pecados capitales que menciona el cristianismo? Se puede decir que el carácter, o forma de ser de una persona, es un conjunto de rasgos y comportamientos adoptados, que surgen cuando el individuo se identifica con un rasgo de los padres, o por el contrario, cuando no quiere ser como ellos en ese aspecto particular. Claudio Naranjo, uno de los exponentes de la nueva Gestalt, escuela psicológica que sustenta, entre otras ideas, la necesidad de eliminar nuestro Ego para poder ser nosotros mismo, estableció un sistema caracterológico al que dio el nombre de Eneagrama.

Según este sistema, en el centro de cada forma de ser, o carácter, se encuentra un pecado capital, o pasión, como las llama Claudio Naranjo. Dicha pasión es en realidad la fuerza que impulsa al individuo a conducirse y reaccionar de cierta manera ante las circunstancias que se le presentan. El Eneagrama de la personalidad está conformado por diferentes Estilos de personalidad, o Eneatipos, los cuales a su vez se relacionan entre sí. Durante su vida, un individuo puede cambiar de un estilo de la personalidad a otro, por ser contiguo a éste, o por ser su polo opuesto. Por ejemplo, si una persona se comporta con cierto grado de perfeccionismo, al igual que el estilo de personalidad del “Iracundo” (Eneatipo 1), al darse cuenta de su conducta excesivamente rígida la modificará, tendiendo a comportarse según los tipos de personalidad del “Goloso”y el “Orgulloso” (Eneatipos 2 y 9) que son Eneatipos contiguos, o como El “Lujurioso” (Eneatipo 8) que es el Eneatipo opuesto.

La pasión que rige nuestro carácter, está asociada a una idea principal y permanente, o “fijación”,  en la mente de cada individuo, la cual surgió durante nuestro desarrollo a manera de protección frente al entorno. La pasión respectiva guía nuestros impulsos, reprimiendo o sustituyendo por completo nuestro instinto natural. Es como si cada persona creara una serie de conductas condicionadas terminando por no ser ella, y adoptando una personalidad “falsa” en cuyo centro se halla la pasión que se “apodera” de nosotros. Por el contrario, la verdadera esencia de nuestro ser se encuentra cuando funcionamos más allá del Ego, y poseemos plena consciencia de quienes somos; además de actuar con verdadera libertad. Por lo que  para “Despertar” del engaño de esa personalidad falsa, a la que nos tiene sometida nuestra respectiva pasión, es indispensable conocernos a nosotros mismos y modificar nuestra conducta, para ser quienes en realidad somos. Esto implica una búsqueda hacia dentro, tratando de identificar nuestra verdadera naturaleza, y así transformar nuestra forma de ser.

El Eneagrama se representa por una estructura geométrica en forma de círculo. Alrededor se encuentran los nueve estilos de personalidad que lo conforman. En este sistema hay un flujo natural de la  “energía”, que permite que una persona pueda cambiar de un carácter a otro, como he mencionado. Este flujo tiene lugar a medida que la persona hace consciente su conducta, y realiza los esfuerzos necesarios por modificarla.

Los distintos Estilos de personalidad son: El Iracundo, El Orgulloso, El Vanidoso, El Envidioso, El Avaro, El Miedoso, El Goloso, El Lujurioso y El Perezoso. Cada Estilo de Personalidad, o Eneatipo, es un híbrido de los dos Eneatipos contiguos. Además, cada Estilos de Personalidad posee rasgos, que puede decirse, corresponden a su lado “Oscuro”, y otros que corresponden a su lado “Luminoso”. En esta ocasión hablaremos del primer Estilo de personalidad: “El Iracundo”, cuya característica principal es perseguir la perfección a toda cosa.






 

En términos generales El “Iracundo” es una persona de buenas intenciones, correcta y formal; aunque resentido en el fondo. Estas personas poseen poca espontaneidad y les importa más el deber que el placer. Son exigentes y muy críticas consigo mismas y con los demás. El Iracundo expresa su ira de manera inconsciente, y lo hace siempre de una forma racionalizada. La personalidad que adopta es en realidad una manera de reaccionar contra la ira que posee, una negación de la destructividad que siente; a través una actitud intencional de buena voluntad. Emocionalmente son exigentes y asertivos, más que irritables e iracundos. En esencia, el “Iracundo” se expresa a través de un comportamiento virtuoso, que surge como una defensa frente a la ira y la destructividad, que siente en su interior. En su trato interpersonal es súper controlado y súper civilizado. Tiene una obsesión por mejorar las cosas, lo que a veces hace que empeore su propia vida y la de los demás. Ajusta su conducta a un código preestablecido y rígido de valores, tiene gustos y normas fijos. De este modo, la pasión que lo domina es la ira, pero su forma de expresarla es a través del perfeccionismo. Por lo que estas personas pueden ser objetivas, equilibradas y orientadas a la excelencia, o represivas, críticas y perfeccionistas. En su lado luminoso son especialistas en la evaluación objetiva. Les importa mucho la ética, son desapasionados y justos. Pueden ser excelentes sacerdotes y jueces, o críticos sociales constructivos. Suelen ser generosos y moralmente heroicos. Siempre prefieren la integridad a la conveniencia, la ganancia, o las soluciones fáciles. Son sensatos y moderados, poseen principios fuertes y su energía está orientada a la acción.

En cambio en su lado oscuro, su preocupación por los principios y los altos ideales se convierte en una obsesión por las reglas y las normas. Confunden la moralidad con el moralismo, y la opinión con la crítica exagerada. Así, se vuelven resentidos, críticos o enfadados cuando su deseo de reformas no es compartido por los demás, y pueden tornarse punzantes y ácidos en sus comentarios, debido a la irritación que se apodera de ellos. Su pensamiento se polariza y optan por lo bueno o lo malo, sin tomar en cuenta los matices. Como no pueden mostrar su indignación y rabia, producto de su descontento, los reprimen y ocultan. Esa ira reprimida es en realidad su frustración, o imposibilidad de lograr el ideal que persiguen. Son personalidades que cargan el mundo en sus espaldas. Y si se sienten inseguros o criticados, tienen una reacción defensiva que siempre los lleva a juzgar. Les cuesta aceptar la realidad tal cual es. De este modo, lo que desaprueban en ellos lo condenan en los demás. Por lo tanto, pueden ser obsesivos, paranoicos y celosos. Crueles y persecutorios aunque estén al servicio de la bondad; como en el caso de los fundamentalistas religiosos o ideológicos. Cuando el “Iracundo” logre aprender las lecciones de la vida, y dejar de perseguirse a sí mismo y a los demás en la búsqueda de la perfección, podrá abrirse a la vida y ser el mismo; quitándose la rígida armadura de caballero andante. Entre los “Iracundos” famosos están: Confucio, Ghandi, Juana de Arco, Margaret Thatcher, Celine Dion, Nicole Kidman, Jodie Foster y Annie Lennox.

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