Los no tan cinematográficos marcianos de Fredric Brown

por Tonatiuh Arroyo

 

La idea de que no estamos solos en el universo ha sido vastamente explotada por la industria del cine. Ya en 1938, desde una estación de la Columbia Broadcasting System (CBS), Orson Welles había realizado una transmisión radiofónica con formato de noticiario, la cual alertaba sobre la llegada a la Tierra de seres venidos de otro planeta con no buenas intenciones.

A pesar de que mucha gente sabía que se trataba de un hecho ficticio basado en la novela La guerra de los mundos, de Herbert George Wells, varios otros –quienes encendieron o sintonizaron tarde su aparato receptor– experimentaron momentos angustiantes, al sentirse a merced de la ira marciana.

El acontecimiento –comentado de manera prolija en varios medios, hasta hoy– nos sirve como punto de partida para hablar de la novela Marciano, vete a casa (1955), de Fredric Brown, la cual de manera humorística narra la historia de una invasión marciana en el planeta Tierra.

Todo inicia el 26 de marzo de 1964, cuando el escritor de ciencia ficción Luke Deveraux –quien experimenta una crisis de creatividad– decide aislarse en la cabaña de uno de sus amigos para escribir una nueva novela.

Las cosas en la vida de Deveraux no van bien, pues se ha separado de su esposa, su situación financiera no es holgada y, además, no ha podido dar inicio a la historia por la cual ya ha recibido un adelanto por parte de los editores.

En esas circunstancias, la vida de Luke parece al borde del colapso. Su improductividad lo está arruinando y, aunque tiene disposición, no puede acabar con ella. Después de unos tragos de whisky, sin poder concentrarse para leer, trata de desarrollar la trama de su nuevo libro. Es entonces cuando piensa en la frase “¿Qué sucedería, si los marcianos…?” Ese es el inicio de un gran cambio para él y, de hecho, ¡para la humanidad!

Apenas ha terminado de enunciar mentalmente la idea y escucha que alguien toca la puerta. Se trata de un hombrecito verde, ataviado con un traje y con zapatos de ese mismo color. No mide más de 75 centímetros, pero pronto comprobará que su antipatía y abominable actitud son inversamente proporcionales a su tamaño.

El homúnculo que ha llegado sin invitación le asegura provenir de Marte, y le da una muestra de lo desagradable que es su compañía. Confundido, Deveraux le atribuye al alcohol esa supuesta alucinación y, nervioso, se sirve una copa tras otra, hasta que termina dormido.

Al despertar se da cuenta de que lo vivido la noche anterior no ha concluido y, de hecho, al dejar atrás el aislamiento y dirigirse a un merendero se da cuenta de lo que está pasando: ¡la Tierra ha sido invadida por marcianos! No es el único que puede verlos. Por desgracia, los hombrecitos verdes importunan a todos los habitantes del planeta como una plaga.

La invasión en la novela de Brown dista de los matices dramáticos recreados en la transmisión de Welles; sin embargo, la irrupción de los molestos seres que plantea en su libro resulta igual o, incluso, más devastadora, ya que se basa en una destrucción desde adentro, desde el componente constitutivo de la sociedad: el individuo.

El arma poderosa que los invasores utilizan para embestir a los seres humanos es exhibirlos ante los otros, sacar a la luz sus verdades, su lado oscuro. No se valen de sables luminosos ni pistolas de rayos fulminantes para poner contra la lona a los terrícolas, su estrategia es más sofisticada: enfrentarlos consigo mismos y con los otros.

 

La verdad para Brown es tan fuerte que puede destruir amistades, relaciones, familias, ciudades, países, e incluso planetas. Marciano, vete a casa es una novela que ironiza sobre el desastre que ocasionaría nuestra intimidad puesta al descubierto, sin la mediación de la mentira, y ante ese hecho poco podría hacerse, pues ni los héroes ni los superhéroes ni los ejércitos con los armamentos más eficientes que se replican en varias películas serían capaces de salvarnos.

Captura de pantalla 2019-02-18 12.10.20.

Tonatiuh Arroyo

Dipsomaniaco y nadador intermitente. Utiliza los alias Julio Arroyo y Tony Arce porque la mayoría de la gente no pronuncia bien su nombre. Usa la escritura como medio de supervivencia.

Los Calzones de Guadalupe Staff

Aquí hablamos de lo que importa decir, que es generalmente lo que nadie quiere escuchar

Tags   marcianos, invasión extraterrestre, ficción, Fredric Brown, Orson Welles

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