La libertad del Diablo

 

 

                                                                         

por Tonatiuh Arroyo

Hace unos días, se estrenó en la Ciudad de México La libertad del diablo, el documental realizado por Everardo González que lleva a la pantalla los testimonios de víctimas y victimarios de la guerra contra el narcotráfico, iniciada en el sexenio calderonista.

 

Esta producción –galardonada con los Premios Fénix del Cine Iberoamericano al Mejor Largometraje Documental, Mejor Música y Mejor Fotografía– hace una aproximación íntima a los efectos de la tortura, la violación a los derechos humanos y la corrupción vinculados con esa batalla espeluznante que ha causado mucho dolor en quienes la han padecido de manera directa.

 

Los testigos, a quienes González ha dado voz, son presentados en primer plano cubiertos con máscaras para quemaduras, cuyo efecto en el espectador es la percepción de que están marcados por heridas muy profundas; el documentalista se vale del ocultamiento de sus rostros para desnudarles el alma.

 

Esta realización de Everardo González muestra la crudeza de la violencia al margen de la espectacularidad estandarizada a la que nos hemos acostumbrado como consumidores de series y filmes que abundan en las salas de cine o en las opciones de contenido de las empresas de cable y de entretenimiento online. Aquí, los personajes y sus historias son penosamente reales.

 

Los relatos de La libertad del diablo, sin embargo, no solo nos incitan a reflexionar sobre la desensibilización que experimentamos, provocada por la normalización mediática de los actos atroces cometidos por la policía, el ejército y el crimen organizado en nuestro país, también ponen sobre la mesa la alternativa de pensar en que lo narrado tiene que ver con nosotros, que es un espejo en el que podemos vernos reflejados.

 

 

En las declaraciones expuestas en La libertad del diablo, el espíritu de dominación que se apodera de los sicarios, de los elementos de los grupos de autodefensas o de quienes imponen justicia por propia mano constituye el triunfo de su parte más siniestra, y –nos guste o no– esa es una constante en la condición humana.

 

Los asesinos que declaran haber matado niños “por seguir órdenes” o haber ultimado a personas por encargo a cambio de dinero frente a la cámara de González son seres contradictorios, iguales a nosotros, que le abrieron la puerta a sus demonios y los dejaron en libertad para “demostrar su fuerza”. 

 

Además del aporte de elementos para la comprensión de una etapa compleja de nuestra historia, el documental nos hace conscientes de que nuestras acciones –buenas y malas– son las que nos hacen ser como somos; sin embargo, los seres humanos nunca terminaremos de ser algo, siempre estaremos en constante cambio y podremos optar por ser distintos.

 

 

La libertad del diablo (México, 2017) Ÿ Género: documental Ÿ Duración: 74 minutos Ÿ Director: Everardo González Ÿ Animal de Luz Films/Bross al Cuadrado/Artegios

Captura de pantalla 2019-02-18 12.10.20.

Tonatiuh Arroyo

Dipsomaniaco y nadador intermitente. Utiliza los alias Julio Arroyo y Tony Arce porque la mayoría de la gente no pronuncia bien su nombre. Usa la escritura como medio de supervivencia.

Los Calzones de Guadalupe Staff

Aquí hablamos de lo que importa decir, que es generalmente lo que nadie quiere escuchar

Tags   violencia, crimen, documental, Tonatiuh Arroyo

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