La esencia del amor

por La Orgullosa

 

Nuestro mundo está poblado de lobos. “El hombre es el lobo del hombre”, decía Marx, y hoy sus palabras son más ciertas que nunca porque no solo se restringen a la esfera económica sino a la política, a la social y a la personal.

 

En cuanto al amor el hombre es el lobo de la mujer, como en el conocido cuento de la caperucita. Y por un momento, ante tanto desencuentro amoroso, las mujeres han estado tentadas a cambiar al príncipe azul por el lobo feroz.

 

El amor erótico se basa en la polaridad de los sexos, en las diferencias que dan lugar a una atracción innata, pero esas diferencias están desapareciendo. En la actualidad, hombres y mujeres son idénticos. La sociedad actual nos orienta hacia la igualdad no individualizada para hacernos funcionar en masa y responder a los requerimientos del sistema.

 

En ese proceso, no obstante, hemos dejado de ser conscientes de nuestros verdaderos deseos, y los hemos sustituido por pseudodeseos impuestos y uniformizados, al margen de nuestras diferencias, las cuales son la base de nuestra esencia como individuos.

 

La expresión de nuestra diferencia, entonces, nos produce un angustioso miedo a la soledad, lo que Fromm denomina separatidad y que es todo lo contrario a la conformidad que prevalece en nuestra sociedad mecanizada, en la que nuestra forma de vida no es suficiente para romper con la fuerte angustia de sentirnos únicos.

 

Entonces recurrimos al alcoholismo, las drogas y, desde luego, a la sexualidad compulsiva que, junto con el aumento del suicidio, son los síntomas de nuestro fracaso social.

 

La satisfacción que proporciona el trabajo productivo es individual y nos aleja de los otros y el hecho de pertenecer a un grupo amorfo es únicamente una pseudounidad que no reporta mayor realización.

 

La ausencia de propósito en la vida persiste. La solución está en el logro de la unión interpersonal, en la fusión con otros seres humanos mediante el amor. Esa es la verdadera fuerza que sostiene a la raza humana.

 

El amor verdadero implica unión, sin perder nuestra individualidad. Es el único elemento que permite al ser humano superar su sentimiento de aislamiento. Amar, más que recibir, como muchos buscan desesperadamente, es dar, pues eso es lo que hace posible que podamos expresar nuestras potencialidades para crear a partir de nosotros una realidad satisfactoria que nos haga sentir plenos.

 

Experimentar la capacidad de dar nos hace sentir desbordantes, pródigos, vivos y dichosos y, en ese marco, el sexo es la expresión cumbre del acto de dar. La culminación de la función sexual masculina radica en eso, porque el hombre se da a sí mismo, le da su órgano sexual a la mujer, y en el instante del orgasmo le da también su semen. Eso es sinónimo de su potencia. Si no puede hacerlo, es impotente.

 

En la mujer sucede algo parecido. Ella también se da porque permite el acceso al núcleo de su feminidad; en el acto de recibir, ella se comparte. Si es incapaz de ese dar, si solo puede recibir, es frígida. Dar o darse implica cuidado, responsabilidad, respeto y conocimiento del otro.

 

La responsabilidad es el acto voluntario de responder a las necesidades manifiestas o no, de otro ser humano. El respeto que prevalece en el amor es la capacidad de ver a una persona tal cual es, de tener conciencia de su individualidad, de preocuparse porque crezca y se desarrolle de manera libre.

 

Amar es introducirnos en el misterio del otro, es renunciar a nuestros sueños narcisistas de omnisapiencia y omnipotencia, y con la humildad que nos da la fuerza interior tendremos la oportunidad de amar verdaderamente.

 

Desafortunadamente, para la mayoría de la gente su propia persona y las otras resultan rápidamente exploradas y agotadas. En esas condiciones, la intimidad se establece, principalmente, a través del contacto sexual. Se cree que al unirse físicamente se superará el sentimiento de soledad tan arraigado en el núcleo de nuestra psique.

 

No obstante, somos como un niño caprichoso que se aferra a su muñeco favorito por las noches, con la idea de que así vencerá el miedo a la oscuridad, tan enraizado en lo más profundo de su ser.

 

Como adultos, somos incapaces de ver que a quien nos aferramos es un ser humano que siente y piensa como nosotros, y que también tiene una serie de necesidades que merecen ser satisfechas.

Amar verdaderamente inspira el deseo de la unión sexual, al liberarla de una avidez urgente y fundirla en un inefable sentimiento de ternura, difícilmente experimentado por la personalidad narcisista, arraigada al objeto y no a la persona.

 

Si el deseo de unión física no está estimulado por el amor, si el amor erótico no es a la vez fraterno, jamás conducirá a un vínculo sólido, sino orgiástico y transitorio. La atracción sexual crea, por un momento, la ilusión de unión, pero sin amor tal unión deja a los desconocidos tan separados como antes, y a veces la vergüenza que se experimenta luego de un acto sexual de ese tipo ahonda el sentimiento de soledad.

El amor erótico, si es amor, debe realizare desde la esencia del ser y vivenciar a la otra persona en la esencia de su ser. Amar a alguien es una decisión. Si el amor no fuera más que un sentimiento, se desvanecería fácilmente.

El amor únicamente es posible cuando dos personas se comunican entre sí desde el centro de sus existencias, y al mismo tiempo cuando cada una de ellas se experimenta a sí misma desde el centro de ella misma.

 

Experimentado de esa manera, el amor es un desafío constante que implica el trabajo conjunto. Si hay armonía o conflicto, alegría o tristeza, es secundario porque lo que importa es que dos seres han aceptado el desafío de vivir en pareja, con respeto a la personalidad de cada uno y con disposición a enfrentar los retos que vengan.

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La Orgullosa

Amante del amor y la sexualidad en todas sus formas. Fogosa y apasionada. Impulsiva y testaruda a más no poder. Interesada en los temas prohibidos y controversiales. Se cree poseedora de la razón, y es investigadora incansable de los misterios de la psicología humana.

Los Calzones de Guadalupe Staff

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Tags   Amor, amor erótico, reflexión, pareja

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