La compasión y el cuidado:

actos de amor humano

FUENTE:  Pinterest                         

Por Cecilia Espinosa

JULIO 09 2018

La definición de la palabra compasión, de acuerdo con el diccionario de la Real Academia Española es: "Sentimiento de pena, ternura e identificación ante los males de alguien". No  obstante, es común usar esa palabra  con un sentido peyorativo al compararla con la lástima o con la pena por el otro. Vista de esa manera, no nos gustaría que alguien tuviera compasión por nosotros".

La compasión, por el contrario, tiene un sentido profundo y es la calve para la transformación del mundo, desde una perspectiva humanitaria. La compasión, considerada como uno de los actos de amor más humanos; como la posibilidad de ponerse en la piel del otro o de los otros, de tratar de comprender lo que viven con empatía y comunión, puede ser el motor del cambio que nuestra sociedad necesita.

A partir del entendimiento de las dolencias de nuestro entorno surge el impulso de mitigar la pena y provocar el cambio hacia un estado de mayor bienestar. La raza humana es responsable del mundo que tiene; las guerras, la hambruna, la desigualdad, la pobreza, la violencia, la migración, el deterioro del planeta, el cambio climático y toda la miseria que nos desborda son el resultado de las acciones de las personas que han actuado desde la ambición y el ejercicio egoísta del poder.

Uno de los especialistas en educación a quien admiro enormemente y quien me abrió los ojos hacia el cambio de paradigma es el colombiano Bernardo Toro, cuyo discurso pedagógico se basa en la teoría de La ética del cuidado; es decir, en el principio básico enunciado por el brasileño Leonardo Boff: “O aprendemos a cuidar o perecemos”. Y eso quiere decir cuidarnos a nosotros mismos, cuidar a los otros, a los cercanos y a los extraños, cuidar la inteligencia, cuidar el planeta.

Partamos de nosotros mismos y veámonos con compasión, cuidemos nuestra mente, nuestro espíritu, nuestro cuerpo. Y ahora, veamos al otro con compasión: entendámoslo, no intentemos pisotearlo para avanzar por encima de él; mirémoslo como igual, respetemos sus diferencias como un acto que nos enriquece y no nos sintamos amenazados al reconocerlas. Cuidemos nuestro entorno siendo buenos ciudadanos, buenos vecinos, buenos compañeros de trabajo, cuidando nuestras instituciones. Cuidemos nuestro planeta actuando como consumidores responsables.

Cuando pensamos en la trasformación hacia un mundo mejor, miramos a los gobernantes y nos quejamos, vemos a las autoridades y reclamamos, siempre estamos buscando algún responsable. No se trata de eso, debemos asumir el papel que jugamos cada uno en el proceso de transformación, pues mediante pequeñas acciones podemos ir sumándonos al cambio. Basta de quejarnos desde la comodidad de nuestras vidas, hagámonos responsables de la parte que nos toca y comencemos a modificar nuestro pequeño entorno para cuidar de lo que tenemos porque si no lo hacemos, lo vamos a perder.

Tenemos el poder transformador en nuestras manos y solo podremos ejercerlo si nos sentimos parte de un ecosistema, en el que cada uno actuamos con base en la igualdad, en la dignidad y el respeto por los derechos de los demás. Somos parte de ese mundo global en el que sí importan los efectos positivos que podamos generar, si actuamos desde la conciencia del cuidado y la compasión. Ya no tenemos tiempo para seguir mirando el mundo desde nuestras parcelas, es momento de actuar con amor profundo por la humanidad para transformarnos y transformar nuestro entorno.

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