¿Juegos o parafilias?

por Tania Cortés

 

El mundo de la sexualidad es muy amplio y a veces se adentra en prácticas que –por una u otra razón– no son aceptadas por las costumbres sociales de la época. Los criterios acerca de las prácticas sexuales han variado a lo largo del tiempo, y existe en la actualidad una autonomía personal para ejercer todo tipo de prácticas en este rubro. Sin embargo, hay algunas conductas sexuales denominadas parafilias, que si se alargan en el tiempo pueden deteriorar la conducta de las personas que las practican, e incidir perjudicialmente en su vida.

Las parafilias son aquellas conductas sexuales en las que la persona experimenta excitación y/o gratificación sexual ante estímulos considerados como inusuales o insólitos, en función de las costumbres sociales. En estas prácticas “no convencionales”, el placer se experimenta mediante objetos, fetiches o situaciones específicas.

 

El problema surge cuando estos estímulos se convierten en el foco principal del placer sexual, al grado de convertirse en el único estímulo para el individuo. Las parafilias pueden salir de la voluntad de la persona y experimentarse como conductas imposibles de controlar. Esto ocasiona fuertes sentimientos de malestar en la persona o, incluso, daños a terceros. No obstante, no todas las filias son raras o suponen una patología. En la mayoría de los casos representan un estímulo sexual muy potente pero que no llega a interferir en la vida diaria de la persona. Sin embargo, cuando esto sucede, la parafilia puede llegar a convertirse en un trastorno parafílico.

Conductas sexuales parafílicas como el sadismo o cualquier tipo de fetichismo solamente se consideran problemáticas si se realizan de manera compulsiva u ocasionan un deterioro para la persona. Los trastornos parafílicos son fantasías recurrentes e intensas de excitación sexual, pulsiones o comportamientos sexuales angustiosos o incapacitantes que involucran objetos inanimados, niños o adultos que no dan su consentimiento para la práctica de la parafilia, o el sufrimiento o la humillación de uno mismo o de la pareja con probabilidad de causar daño. Estos patrones de excitación sexual se establecen en los últimos años de la infancia o al inicio de la pubertad, y perduran durante toda la vida del sujeto.

Cuando estas conductas sexuales de naturaleza poco frecuente no implican riesgo lesivo, pueden formar parte de una relación de afecto y amor, siempre y cuando ambas personas consientan en su práctica. Pero cuando las conductas sexuales causan angustia o daño, o alteran la capacidad de una persona para funcionar en sus actividades diarias, entonces se considera que tiene lugar un trastorno parafílico. Las personas que la practican pueden presentar malestar por su comportamiento o sentimiento de culpa por un hecho que resulta socialmente inaceptable.

Los trastornos parafílicos pueden alterar la capacidad para mantener una relación sexual recíprocamente amorosa. Y las parejas de las personas con un trastorno parafílico suelen sentirse como un objeto, y como si no tuvieran importancia dentro de la relación sexual. Los trastornos parafílicos más frecuentes son: pedofilia, voyeurismo, exhibicionismo, fetichismo, frotismo, y sadomasoquismo sexual.

En el fetichismo la persona consigue alcanzar la excitación sexual, o el orgasmo, a través de un objeto llamado “fetiche” –que puede ser una prenda de vestir, una parte específica del cuerpo o cualquier objeto cotidiano–. Entre las principales parafilias relacionadas con el fetichismo encontramos el fetichismo de pies o podofilia, el fetichismo de zapatos o retifismo y la altocalcifilia, en el caso de los zapatos de tacón alto.

Por su parte la pedofilia es un tipo de parafilia en la que la persona experimenta excitación sexual a través de actividades o fantasías con niños. Habitualmente el objeto de esta parafilia son niños de edades comprendidas entre los 8 y los 12 años, pero ha habido casos de niños aún menores.

El exhibicionismo se refiere a la necesidad de mostrar a otras personas los propios genitales. Sin embargo, en estos casos el placer no es obtenido por este acto es sí, sino por la respuesta de sorpresa y por la atención del público que observa. En el exhibicionismo la persona no siempre realiza algún tipo de conducta sexual –habitualmente masturbación– mientras se expone, a veces lo hace después de la exhibición, utilizando el recuerdo de esta.

 

El frotismo se refiere al rozamiento de los genitales u otras partes del cuerpo, con el de otra persona sin que esta dé su consentimiento. Estos abusos tienden a darse en zonas públicas y abarrotadas como transportes públicos, discotecas o conciertos, y las principales víctimas son mujeres.

En cuanto al masoquismo sexual, este consiste en el disfrute sexual mediante la participación en actividades sexuales que implican el padecimiento de algún tipo de dolor físico o moral. Esto incluye situaciones de humillación, golpes o ataduras. Existen diversos grados de masoquismo, desde los más suaves hasta puntos extremos en los que se puede llegar a poner en peligro la vida de la persona.

Por su parte, el sadismo sexual es lo contrario al masoquismo, es decir, en el sadismo la fuente de placer sexual radica en el hecho de infligir dolor a otra persona u otro ser vivo. Existe una gran cantidad de parafilias relacionadas con el sadismo como la amokoscisia –o placer al castigar a la pareja sexual– o la electrofilia –excitación al electrocutar a la otra persona–.

Finalmente el voyeurismo es una parafilia cuya esencia es la  la obtención de excitación sexual al observar a otras personas desnudas o realizando alguna actividad sexual. En del voyeurismo, la alopelia es el tipo de parafilia que implica excitación al observar a otras personas manteniendo relaciones sexuales. Y el candaulismo consiste en observar a la propia pareja manteniendo relaciones con otras personas.

La mayoría de las personas con parafilias son hombres, y muchos tienen más de un tipo. Cuando sus parafilias se llevan al extremo estos individuos presentan un trastorno grave de la personalidad, como un trastorno antisocial o un trastorno narcisista de la personalidad. Por lo tanto, a pesar de que la sociedad actual ha liberado las diversas formas de sexualidad humana, debemos ser cuidadosos en lo individual para no aficionarnos a comportamientos que pueden incidir en nuestra conducta en la vida cotidiana y apoderarse de nuestra personalidad al grado de enajenarnos y alterar nuestra funcionalidad social.

 

Es fácil “engancharse” en este tipo de prácticas, que en la mayoría de las ocasiones comienzan como juegos experimentales y acaban apoderándose de nuestra vida, impidiéndonos una forma sana de amar y vincularnos con el otro.

Tania Cortés

Sexy, guapa e inteligente, le gustan los temas atrevidos y aunque es administradora de profesión, reconoce sus habilidades en el terreno de la sexualidad. Pretende regalar emociones con sus textos.

Los Calzones de Guadalupe Staff

Aquí hablamos de lo que importa decir, que es generalmente lo que nadie quiere escuchar

Tags   filias, parafilias, sexo, voyeurismo, masoquismo, sadismo

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