Joker, causa y razón de ser

por Daniela Rivera

 

SÍ, quiero hablar de Joker – como todo el que ha visto la película – sí, quiero y necesito decir muchas cosas, sí, quiero hablar de Joaquín Phoenix, sí, quiero hablar de Todd Phillips, sí, quiero sacar todo lo que pienso y darle forma en una conversación o un escrito, porque es algo estrictamente indispensable después de ver el filme, así como la necesidad que sintieron los que lo vieron en su presentación en mayo durante el Festival de Cine de Venecia y lo ovacionaron aplaudiendo durante 8 minutos.

 

Como la necesidad que sintieron todos los críticos de cine o los que no lo son pero se las dan de serlo, de escribir millones de comentarios y reseñas sobre lo que sentían y pensaban de él, así como la necesidad que se siente de unirse al caos, al resentimiento y la venganza social cuando eres testigo de la escena más tremenda de la película, aquella en la que una ciudad entera, sus habitantes ignorados y marginados cotidianamente por el sistema, toman las calles enloquecidos y desquiciados por la humillación y la pobreza de décadas, y vuelven su príncipe y símbolo de guerra al Joker, quien les ha dado causa y razón de ser, el que les ha dado un nombre, el que los ha vuelto personas de hueso y carne.

 

El Joker de Todd Phillips es magistral –si hay que asociarle una sola palabra–, pero es además muchas, muchas otras cosas que van mas allá de la cinematografía y más allá del arte. Todd Phillips ha delineado con maestría un personaje prototipo de nuestro tiempo, de nuestro espacio geográfico ubicuo y compartido, el universo decadente de las grandes urbes en el que todos vivimos en este siglo XXI, empobrecido y pedestre, salvaje y siniestro al mismo tiempo.

 

Joker es el habitante promedio de nuestro tiempo, el ciudadano ignorado por su ciudad, sumido en el abandono y la soledad en medio de una marejada horrenda y hostil de humanidad, violentado por el sistema que solo reclama de él conformidad y obediente consumo, que solo le pide clausurar sus sentidos, ser ciego a la pobreza, sordo a la inhumanidad, mudo a la demencia de su entorno.

 

Joker es el paradigma del neoliberalismo, un personaje omnipresente y universal – un antihéroe si se quiere –, pero también un villano prototipo, uno con causa y razón de ser, uno que no ha buscado serlo nunca, pero al que los caminos ominosos del sistema han llevado casi por fuerza a encarnar, uno que ninguno de nosotros querríamos ser, pero que todos somos inevitablemente en algún rincón oscuro y recóndito de nuestro más genuino ser.

 

Dice Joaquín Phoenix que el personaje que ha interpretado – el magistral Joker que ha creado Todd Phillips – no intenta ser una provocación al sistema real, el que todos vivimos día a día, el que a todos nos crucifica, dice también que la película no es peligrosa en el más estricto sentido, puesto que no es responsabilidad del cine dar lecciones de moral o establecer qué es lo correcto o lo incorrecto desde el punto de vista social. Pero la realidad es que ver el filme es una experiencia intensa, no solamente emocional sino también desde el punto de vista intelectual y político. Ver la película resulta una invitación a replantearse el mundo – el bien y el mal – el sentido de la vida, la locura y la cordura. Ver la película, en fin, es a fin de cuentas un acto político y un acto de rebeldía.

 

Entiendo que los dueños del poder y del dinero censuren esta posibilidad política, entiendo que le teman, entiendo muy bien porqué durante su estreno en los Estados Unidos de Norteamérica se establecieron protocolos preventivos temiendo trifulcas, protestas y desorden social después de verla. Sin embargo, creo que los que creemos en el poder transformador del arte y especialmente del cine no deberíamos criticar esta posibilidad, mucho menos temerla.

 

Creo que Todd y Joaquín, y todo el equipo de producción de la película, deberían sentirse orgullosos del resultado, de la polémica, de que las élites critiquen el hecho de llevar a la pantalla a este tipo personaje y pretendan censurarlo y le teman. Creo que es admirable lo que han hecho llevando a otra dimensión la cinematografía, cuestionando el statu quo a través del arte, poniendo en jaque lo que la norma establece.

 

Se que Phoenix se ha sentido confrontado y se ha enfadado con muchos de los comentarios y preguntas de los periodistas, que ha aclarado numerosas veces ante los medios que el filme y el personaje que encarna con una maestría digna de alabanza no representan peligro alguno ni es ése su cometido, pero yo le propondría que sonriera como el Joker frente a las cámaras cuando se le cuestionara en este sentido, que dejara de oponer resistencia a la ofuscación y las imposiciones del sistema, que mostrara esa careta siniestra de la locura que tan fascinante resulta en su actuación en la película, insinuando cinismo a la vez que falta total de cordura, porque finalmente eso es lo que se merecen los soldados del orden social, los censores, los corruptos, los políticos, los corderos del sistema.

 

Después de todo, quién sino alguien como Joaquín Phoenix conoce a profundidad las pantanosas entrañas de la maldad que alberga nuestro mundo. Nacido en Puerto Rico en 1974, en una familia que años antes se había unido al culto de Los Niños de Dios, y cuyos padres en aquel entonces se habían convertido en misioneros de esa secta que obligaba a los niños a prostituirse, Phoenix sufrió abuso físico y sexual desde los 4 años de edad. Su vida ha sido, como la del Joker, una cadena interminable de tragedias dolorosas, de las que la más impactante para él fue, desde luego, la muerte de su hermano mayor, River – también actor reconocido – en 1993, quien murió prácticamente en brazos de Joaquín por una sobredosis de drogas.

 

Solo alguien como Phoenix – con una vida así – podría haber interpretado a un personaje de la envergadura del Joker de manera tan magistral, solo alguien que ha pasado por un purgatorio en vida como el de él, podría haber dado vida a tantas emociones y tantas sensaciones desbocadas que rayan en la demencia, sólo una víctima del sistema – como lo es Joaquín – podría entender la naturaleza exacta de la locura de Arthur.

 

¿Por qué entonces molestarse por el enjuiciamiento del filme? ¿Por qué querer estar en paz con las buenas conciencias del sistema? No Joaquín, no tiene sentido querer guardar la cordura, el personaje al que has dado vida es polémico, provocador, rebelde, incendiario, demente y desquiciado como el mundo que lo ha orillado a convertirse en ese monstruo, en esa burla de sí mismo. Es un personaje estupendo, es el paradigma de nuestro tiempo caótico y desquiciado.

 

Así que sonríe Joaquín, con desenfado, con desvergüenza y cinismo, como el Joker, porque lo que has creado ha venido a este mundo para cuestionarlo, para incendiar los sentidos y la pantalla, para poner de cabeza al sistema.

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Daniela Rivera

Chismosa de corazón -comunicóloga de profesión- amante del show business, seguidora infatigable de las celebrities, Netflixmaniaca y buena amante, no pierde la esperanza de hacerse famosa y conocer a Thor.

Los Calzones de Guadalupe Staff

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Tags   Joker, Joaquín Phoenix, cine, Guaspon, El bromas, Todd Phillips, Batman

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