Infidelidades

 

 

                                                                         

por Tania Cortés 

Daniela llegó al consultorio de la terapeuta porque Rodrigo, su esposo, insistió mucho, y prácticamente la obligó. Para ella en realidad no era mas que una pérdida de tiempo.

 

-Tengo muchas cosas que hacer- le dijo a Rodrigo, -ese tiempo valioso lo puedo ocupar en un millón de cosas más importantes-

 

Pero al final terminó yendo, porque se sentía culpable, porque quería tranquilizar a Rodrigo, porque después de todo no tenía otra opción.

 

Se sentía frustrada y abatida, no quería ser juzgada ni cuestionada por una extraña, ya tenía suficiente con la culpa que sentía. La sesión empezó y como cabía esperar, ella estaba a la defensiva.

-Sé perfectamente que lo que hice es criminal- le dijo a la doctora para empezar, -no es necesario que me lo recuerde, me siento terriblemente mal, con Rodrigo, con mis hijos, conmigo misma, lo que hice no tiene nombre, nunca me lo voy a perdonar, pero lo hecho, hecho está, aunque me arrepienta no puedo hacer nada para borrarlo-.

 

La terapeuta escuchaba tranquila, sin interrumpir, no parecía estarla sometiendo a ningún juicio. Era una mujer de mayor edad, de gesto amable y voz ecuánime. 

 

-No estás aquí para ser juzgada Daniela, ni para que nadie te sentencie, solo quiero escucharte, saber qué hay en tu mente, no te preocupes por lo demás-

 

No necesitaba hablar con nadie, ni confesarse con nadie, de eso estaba segura, lo había pensado muchas veces, era una mujer fuerte y segura de sí misma, había cometido un error, solo tenía que enmendar el camino, resistir, seguir adelante como siempre.  Pero alguna parte de su subconsciente de pronto empezó a hablar, sin su permiso, sin que se diera cuenta, como si esa parte dentro de sí misma hubiera estado esperando ese momento durante mucho tiempo.

 

Yo amo a mi esposo, y no tengo nada que reprocharle, es un hombre perfecto, nuestra familia es perfecta, es todo lo que siempre quise. No soy una mujer que traicione sus lealtades, o que abandone sus compromisos. 

 

Tampoco soy una mujer fácil, en el ambiente de trabajo en el que me muevo muchos hombres se me han acercado, me han tratado de conquistar, ni siquiera los miro, nunca me ha interesado. Pero con Antonio todo fue diferente, nunca me coqueteó, nada por el estilo, llegó de pronto, fue contratado por la empresa, y empezamos a trabajar juntos.

Al principio eran solo pequeños detalles, atenciones, halagos moderados y respetuosos que me hacían sentir apreciada. Siempre tenía algo agradable que decir, que era una mujer elegante, que me admiraba, que disfrutaba hablar conmigo por mi inteligencia y mi preparación. Poco a poco me fui sintiendo diferente, casi sin darme cuenta, empecé a poner más esmero en mi arreglo, a llegar más temprano al trabajo, a pasar más tiempo en la oficina, mi ánimo cambió sin que yo me diera cuenta, me sentía más dinámica, más alegre, más viva.

No es en realidad un enamoramiento, ni estoy encaprichada como una colegiala, es solo que no sabía que podía sentirme así, hacía mucho que no sentía nada, que había borrado de mi mente y de mi rutina la posibilidad de tener deseos, de querer sentir cosas. A veces ni siquiera salíamos de la oficina, no hacíamos nada especial, el sólo roce de nuestras manos mientras hablábamos me hacía sentir  una descarga de electricidad recorriéndome el cuerpo entero, hacía mucho que no me sentía deseada, había olvidado qué se siente ser sensual y que alguien lo note.

Antonio y yo salimos durante algún tiempo, tuvimos lo que se llama un amorío, no duró mucho en realidad,  Rodrigo lo descubrió hace un par de semanas, el dolor de saber que estaba saliendo con alguien más, que tenía sentimientos por otro, fue muy profundo. No es necesario que usted me diga que lo que he hecho es imperdonable, ya me siento suficientemente culpable y avergonzada. Estoy consciente del mal que he causado a mi familia, y en cuanto Rodrigo lo supo terminé mi relación con Antonio sin dudar.

 

Yo amo a mi esposo, como ya he dicho, nunca he pensado en abandonarlo, siempre he puesto a mi familia por encima de cualquier otro interés, a veces no sé lo que me pasó, nada de esto tiene sentido, no sabría cómo explicarlo.  

La terapeuta mira a Daniela con comprensión y benevolencia

-Ya te he dicho que no estás aquí para ser acusada ni castigada Daniela, he hablado con Rodrigo y si, es verdad, el dolor es muy grande, pero él te ama, si estás aquí es porque él quiere ayudarte, desea que recuperen su matrimonio y se reencuentren, desea entenderte, saber porqué hiciste lo que hiciste.-

Daniela mira el reloj, se lleva una mano a la frente, siente una gran ansiedad en las piernas escuchando hablar a la terapeuta, quisiera no haber venido, quisiera no haber accedido a las súplicas de Rodrigo, pero sobre todo quisiera no haber conocido nunca a Antonio, no estar en esta situación tan vergonzosa e incómoda. Su vida no necesitaba nada de esto, aún con todas las tensiones que carga cada día, con todo el trabajo pendiente en la oficina, con el trabajo interminable en casa con los niños y las infinitas demandas sutiles de Rodrigo, con todas las deudas y las necesidades económicas que la agobian, nada de esto debió haber pasado. Lo que más lamenta es haberse equivocado tan rotundamente, que tantas personas se hayan enterado de que ha fallado, ella, precisamente ella, que se ha sentido siempre moralmente superior al resto, siempre competente, eficiente, fuerte, sólida, leal y perfecta. 

-Sería muy útil que nos viéramos durante algunos meses Daniela- le dice la terapeuta, -para que poco a poco exploremos qué es lo que te llevó a hacer lo que hiciste, para que tu misma vayas encontrando respuestas y tus heridas psicológicas sanen-

Daniela asiente levemente, recoge el bolso y el abrigo del sofá en el que ha estado sentada confesándose durante cincuenta minutos, se dirige resignada hacia la puerta y sale del consultorio. Tiene la sensación de que caminara por un patíbulo carcelario hacia la horca o la silla eléctrica, en realidad todo sería más sencillo si realmente la sentenciaran y le aplicaran la peor de las condenas. Es más duro seguir viviendo con esta vergüenza y este sentimiento de culpa en el subconsciente todo el tiempo. 

Sale del edificio y se dirige hacia su oficina unas calles más abajo, aún es temprano, tiene un millón de pendientes en el trabajo, mientras camina hace una lista mental de las cosas que debe comprar en el supermercado, de los pendientes en la casa, de las tareas que los niños deben entregar la próxima semana, ojalá pueda dormir un par de horas esta noche, ojalá Rodrigo no la agobie con preguntas y exigencias, mañana le espera un día muy pesado en la oficina, lo más duro de todo será evitar a toda costa a Antonio.

 

Tania Cortés

Sexy, guapa e inteligente, le gustan los temas atrevidos y aunque es administradora de profesión, reconoce sus habilidades en el terreno de la sexualidad. Pretende regalar emociones con sus textos.

Los Calzones de Guadalupe Staff

Aquí hablamos de lo que importa decir, que es generalmente lo que nadie quiere escuchar

Tags   infidelidad, relaciones, pareja, Tania Cortés

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