Fuimos todas

por Eréndira Svetlana

 

El día nueve llegó, y lo hicimos realidad, fuimos todas, el nueve ninguna se movió, tal como lo marcó la consigna, tal como muchos lo imaginaron, tal como lo deseábamos, como lo habíamos planeado. El día fue amaneciendo lentamente como otros días del luminoso mes de Marzo, pero aquí, en nuestro país machista y feminicida de oídos sordos y ojos vendados, en nuestros estados ciegos y nuestras ciudades mudas, el silencio reinó, nuestras voces se callaron, nuestros cantos cesaron, nuestra algarabía de siempre, y la enjundia, el parloteo, o la rabia y la energía vertiginosa con la que las mexicanas empezamos cada día, cada semana, de eso nada, todo cesó, solo el silencio, el trinar tímido de las aves, pero de nosotras nada, ni un solo movimiento, guardamos nuestras palabras y contuvimos el aliento durante un día entero, para hacer espacio al silencio, solo a eso, para ver si eso sí se escucha en este nuestro país de patriarcas obcecados y tercos, de hombres necios.

 

Las mexicanas callamos este 9 de Marzo porque ya hemos gritado hasta el cansancio, ya hemos llorado mucho, demasiado, ya hemos estallado en alaridos nocturnos de rabia y de dolor, y nada, nada hemos logrado.  Esta vez toca el silencio, toca la ausencia, la desaparición, tocan las calles desiertas, los comercios vacíos, las plazas deshabitadas, las ciudades como despobladas, como pueblos fantasmas, sin nuestra alegría, nuestro hacer cotidiano, nuestro acompañar la vida, esta vez toca que sientan como si a todas nos desaparecieran y nos mataran, porque en realidad es así.

 

Cada vez que tocan a una nos tocan a todas, cada vez que violan, torturan, masacran, desaparecen y asesinan con saña a una, nos están mutilando a todas, nos están quitando una parte a cada una, porque todas somos una misma, todas somos esa mujer violada y asesinada, desechada como un despojo en un bote de basura o en un canal. Lo sentimos todas cuando nos enteramos, nos estremece a todas de la misma forma, y ese estremecimiento hace que el cuerpo tiemble y el corazón empiece a latir desbocado como si se quisiera salir del cuerpo con un miedo sobrehumano a morir, a lo que se debe sentir.  

 

Nos lo imaginamos así, cada vez que lo escuchamos, ese miedo inhumano, ese temblor incontenible, nos ponemos en los zapatos de cada una de las 10 mujeres que asesinan diariamente en este país y nos preguntamos a nosotras mismas ¿hoy me tocará a mí?

 

Por eso este 9 de Marzo ha sido así, sin palabras, sin movimiento, sin sombra de nuestro hacer cotidiano, sin señal de nuestra existencia, sin nosotras, sin vida. Un día muerto, como las miles de mexicanas que han muerto por la violencia feminicida durante los últimos 20 años, un día de abandono total, como las familias de esas mujeres asesinadas, un día de duelo y de incertidumbre, como la que todas cargamos diariamente cuando de mañana salimos al trabajo, a la escuela, a las compras, a la rutina cotidiana con la duda en la conciencia ¿volveré a casa sana y salva hoy por la noche?

 

Este lunes ha sido un día sin nosotras, un día lúgubre y triste al exterior, pero lleno de esperanza al interior de nuestros espacios, de nuestros recintos privados y espirituales porque los hemos llenado con la posibilidad de que esta historia de oídos sordos y ojos vendados cambie con nuestro silencio, los hemos colmado con nuestra fe necia y nuestra creencia de que esta vez sí van a escucharnos, van a entender, van abrir los ojos y vernos en la dimensión humana que tenemos, van a darse cuenta de que nunca vamos a volvernos a conformarnos, nunca van a volver a tener la comodidad de nuestro sometimiento.

 

Nos hemos quedado en nuestras casas y en lugar del trabajo diario hemos orado tal vez y en silencio hemos pensado en ellas, las ya no están con nosotras, por las que hoy hemos parado,  las hemos nombrado a todas, a las que más recordamos, Fátima, Sandra, Nancy, Erika, Norma, Ingrid, Guadalupe, Jackelin, Mara, este día es por ellas, para que sus historias no se repitan, para que ninguna otra familia mexicana quede destrozada como las de cada una de ellas.  

 

 

Este 9M ha sido un parteaguas en la historia de nuestra obediencia ciega al mandato de las formas y la violencia machista, ya no vamos a conformarnos, ya no vamos a permitir el maltrato doméstico, el acoso callejero y ni siquiera el micromachismo, este día nos hemos atrevido a ir más allá y hemos hecho la diferencia, las mexicanas paralizamos el transcurrir del país y el mundo se detuvo a vernos, hemos cambiado la historia, hemos llevado la revolución feminista hasta sus últimas consecuencias, este día desaparecimos, hemos muerto artificialmente para que nos escuchen, para que nos vean, para que nos piensen, para que nuestra presencia humana y nuestra vida se respeten siempre. Lo hicimos, no hay marcha atrás, y sí, no culpen a ninguna, porque fuimos todas.

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Eréndira Svetlana

Escritora de corazón, intensa y mordaz, llena de historias de supervivencia. Transita entre el amor desmedido y el odio selectivo. Digna representante de la Generación X con un toque Millennial.

Los Calzones de Guadalupe Staff

Aquí hablamos de lo que importa decir, que es generalmente lo que nadie quiere escuchar

Tags   9M, feminismo, un día sin nosotras, feminicidio, Eréndira Svetlana

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