Eterna Pasión

 

 

                                                                         

por Samantha FLA

Crucé la puerta, y al hacerlo no sabía qué era lo que me esperaba del otro lado. La casa era muy oscura, e incluso parecía deshabitada, pero dijiste que ahí estarías, así que tragué saliva y comencé a caminar por el pasillo. Todo era silencio y un haz de luz atravesaba la escalera; dudé en seguir adelante —no suelo ser miedosa—; sin embargo, al ver el perfil del vitral que daba de frente a la puerta de entrada, sentí un frío espantoso por todo el cuerpo, parecía una figura de muerte.

De pronto el golpe de una puerta me hizo brincar, el corazón me empezó a latir frenéticamente, respiré profundo y traté de no gritar, sentía que alguien me observaba, pero no alcancé a ver a nadie, solo una cortina que se movía con el viento… No sabía qué hacer, si subir las escaleras, buscarte en la planta baja o seguir el rastro de las sombras; ya no podía regresar, tu olor me llevaba a ti por instinto.

No sé cómo fue que comencé a percibir tu esencia —apareció como algo natural, casi animal—, la distinguí la primera vez que te vi, y desde esa noche no dejé de sentirla, al despertar te sentía junto a mí, no físicamente, pero sabía que estabas ahí. Aparecías en todas partes, hasta en mis sueños, y creo que empecé a obsesionarme contigo.

Esa noche te acercaste, no sabes cómo esperaba ese momento. Ni siquiera te sentí, solo al escuchar tu voz supe que estabas junto a mí; cada una de tus palabras se me clavaron en la mente, me invitaste un trago y salimos del lugar; pasamos la noche juntos y varios días más, luego desapareciste y comencé a buscarte por todos lados, a olfatearte como perro de caza, a seguir tus pisadas. Después, encontré tu nota en la cabecera de mi cama.

Quedé en total oscuridad en medio de esta enorme casa, subí las escaleras y cada paso rechinaba en todo el lugar, temí que alguien me escuchara, conté los escalones para quitarme de la cabeza cualquier miedo (“once, doce, trece…”), levanté la vista y estabas frente a mí, grité, no te había visto, sonreíste y me abrazaste, susurraste algo que me tranquilizó y subimos juntos. Noté algo extraño en ti, estabas muy pálido, pero tus labios rojos me invitaban a un festín de pasión, ahora tu olor era más penetrante, ácido, como de sangre.

Necesitaba sentirte y tus labios comenzaron a jugar con mi boca…

“Esta noche en la casa azul, estaré esperando por ti”, decía tu nota. Me pregunté cómo era que había llegado hasta ahí, pero no hice mucho caso, simplemente me dediqué a esperar cada minuto del día hasta que anocheció; entonces, tomé mi chamarra y salí del departamento. Hacía frío y corría un viento incansable, la luna apenas despertaba y los tonos morados —casi negros— del cielo me maravillaban.

La habitación se hacía cada vez más oscura, solo podía distinguir tus ojos, que brillaban intensamente, quería verme reflejada en ellos, pero los encontré vacíos, hermosos pero vacíos. Me preguntaste si estaba segura de lo que quería hacer, te dije que sí, sonreíste y pude ver tus dientes blanquísimos. Te pregunté si esto duraría por siempre, me miraste y entonces sentí tus colmillos clavándose en mi cuello, un poco de dolor y también placer; comenzaron a pasar imágenes por mi mente, todas en tono carmesí, cerré los ojos y me susurraste en el oído: “Por siempre”.

Imagen: Samer Daboul/Pexels

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Samantha FLA

Comunicóloga, lectora compulsiva, tuitera incomprendida, bailarina frustrada, amante de Netflix, apasionada del futbol y rockera por convicción. Alucina –sin consumir nada- sobre la soltería, el desamor y los corazones rotos.

Los Calzones de Guadalupe Staff

Aquí hablamos de lo que importa decir, que es generalmente lo que nadie quiere escuchar

Tags   relato, pasión, vampiros, Samantha FLA

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