Los pecados capitales y la personalidad:

 El Vanidoso

                                                                     FUENTE: Pinterest

Por XÓCHITL NIÉZHDANOVA

En todo grupo social existe alguien a quien la riqueza material parece presentársele en bandeja de plata. El médico exitoso, el ingeniero cuyos logros van llenando de premios las paredes de su constructora privada, el arquitecto a quien nunca se le termina el trabajo. Estos personajes sui generis, que provocan la envidia de todos, son los “logradores”. Aquellos seres encumbrados por el éxito social y económico, y que siempre cumplen sus metas. ¿Pero, qué hay detrás de éstos triunfadores? Al igual que en todos los estilos de personalidad, este luchador y manifestador incansable oculta un infierno personal condicionado por un pecadillo aparentemente inofensivo y sin importancia: la vanidad.

 

En realidad, El “Logrador” o “Vanidoso” se encuentra siempre pendiente de la aprobación ajena, de la mirada de los demás, para poder así conformar su personalidad y sentirse “alguien”. Son personajes dedicados a mantener el status quo. Son productores de su entorno, luchadores que se empeñan por realizar cada uno de sus objetivos perfectamente prefigurados. Desde luego que “El Vanidoso” busca identificarse permanentemente con imágenes de éxito y productividad, y de esa forma, cuando lleva a cabo su labor, siempre espera que los demás lo reconozcan por su desempeño profesional y sus logros. Pero en realidad este personaje se encuentra vacío en su interior. Pues en el fondo, está completamente insatisfecho, y con un sentimiento de rechazo a sí mismo que lo acompaña siempre, debido a las múltiples imperfecciones y carencias que siente poseer.

 

Eterno preocupado de su imagen personal, viven para los ojos de otros, en lugar de vivir para sí mismos (narcisismo). Su valor por lo tanto radica en su imagen. Siempre enfrascado en una enérgica búsqueda del éxito y los buenos modales. Pese a mostrarse alegre, simula y muestra una falta de veracidad en relación a los sentimientos propios, que controla en todo momento, apareciendo con una emocionalidad neutral ante otros. Sólo reconoce y expresa los sentimientos “correctos”. Son alegres, amables, activos, equilibrados y con un optimismo inquebrantable. Viven demasiados seguros de sí mismos. Estos individuos se sienten por lo regular satisfechos con su persona, pues confunden la autoimagen que venden (y que otros compran) con lo que son. Su característica básica es la preocupación por cómo se presentan a sí mismos en un "mercado de la personalidad". Otras de sus características son la adaptabilidad, ambición y sensibilidad hacia las cambiantes expectativas de los demás. La persona es su yo idealizado y parece adorarlo. Esta actitud básica le da el optimismo o la fuerza moral que falta por completo en otros estilos de la personalidad. Posee una autoconfianza a ultranza, y nunca duda de sí mismo, por lo menos de manera consciente.

El Vanidoso es el ungido, el hombre predestinado, el benefactor de la humanidad. Y con frecuencia todo esto es cierto: sus capacidades suelen ser superiores a la media, obtiene con facilidad reconocimientos a edad precoz y suele ser el hijo favorito de la familia. Posee una incuestionable creencia en su grandeza y singularidad. Tiene un gran optimismo y una eterna juventud, así como un encanto fascinador.; sin embargo, a pesar de sus dotes, se siente inseguro interiormente. Es posible que hable incesantemente de sus hazañas o de sus maravillosas cualidades porque en realidad necesita aumentar su autoestima a través de la admiración y la devoción de otros. Realmente puede ser encantador, sobre todo con personas nuevas a las cuales siente la necesidad de impresionar a toda costa. La apariencia que da, tanto ante él mismo como ante los demás, es que le encanta la gente. Y puede ser generoso expresándose con emoción, siendo adulador o ayudando y haciendo favores. Ve a sus familiares y amigos llenos de toda clase de cualidades, y piensa en su trabajo y sus planes como lo más grandioso que hay. Puede ser muy tolerante. Hasta, puede aguantar bromas sobre él, siempre y cuando nunca se le cuestione seriamente.

 

Es más capaz que ningún otro carácter de atraer, tener éxito y ser autosuficiente. Su ilusión es que puede comprar amor con sus logros, pero, como no deja entrar en su vida al verdadero amor, todo lo que en realidad consigue es atención. Las relaciones amoroso-sexuales son, por mucho, el aspecto más turbulento de su vida. Por ejemplo, una mujer del tipo Vanidoso, puede sentirse sexualmente atraída hacia un hombre sin amarlo, mientras ama a otro hacia el que no siente ninguna atracción sexual. O sentir atracción por alguien imposible y perder el interés cuando lo consigue. Puede sentirse plena en las etapas iniciales de sus relaciones amorosas, pero resultar incapaz de mantener esta sensación a medida que la relación se hace más íntima.  Una característica predominante en este tipo de mujeres es su inestabilidad emocional. Suelen ser teatrales aunque su manera de mostrar afecto es controlada y adaptada socialmente. A causa de su teatralidad pueden parecer superficiales, pero sus experiencias emocionales son auténticas. Aunque las vanidosas son algo inestables emocionalmente, no resultan inconsistentes o impredecibles en sus reacciones personales. Pierden el control emocional sólo selectivamente, frente a personas con las cuales poseen conflictos intensos, sobre todo de tipo sexual y competitivo. Por su lado, los hombres tienen una impulsividad reprimida, manteniendo la capacidad de comportarse bajo diferentes circunstancias sociales, y están caracterizados por una hipermasculinidad, es decir una acentuación teatral de los modelos masculinos culturalmente aceptados, generalmente hacen esto como reafirmación de su independencia y superioridad sobre las mujeres, combinándolo con un enfurruñamiento infantil cuando sus aspiraciones no pueden ser satisfechas.

 

La peculiaridad más sobresaliente del Vanidoso es sin lugar a dudas su necesidad de atención. Esto los conduce con frecuencia al exhibicionismo y la falsificación de su personalidad. Poseen una necesidad de ser vistos que busca ser satisfecha mediante el cultivo de la apariencia. Además hay en el Vanidoso un sentimiento de soledad que surge no sólo de la frustración crónica por ser como los otros esperan que sea, sino también por el hecho de que cualquier éxito que alcance será tristemente atribuido a su falsedad y a la manipulación que ejercen sobre su entorno. Así surge en ellos siempre la pregunta « ¿Sería yo querido por lo que soy, si no fuera por mis logros, mi dinero, mi belleza, etc.? » La cuestión se perpetúa por el hecho de que al Vanidoso no sólo le mueve un temor al fracaso en su búsqueda del éxito, sino que también está muerto de miedo a quedar expuesto y a ser rechazado si tuviera que revelarse al mundo sin su máscara. Así, las mujeres hermosas de este estilo de personalidad tienden a adoptar la estrategia de la brillantez social, confundiendo su atractivo con su verdadera personalidad. Además, el Vanidoso posee otras cualidades como el refinamiento, la consideración o la generosidad, el impulso por el triunfo, la habilidad social y la preocupación por la apariencia personal. Son entretenidos, entusiastas, chispeantes, de conversación activa e ingeniosa. Todo lo anterior podría llamarse «brillantez social» o «actuación social». En estas personas, la preocupación por el status es su motivación «Dime con quién te asocias y te diré quién eres».

Estos personajes también tienden al autoembellecimiento y la conservación del atractivo sexual, (no hay mujer tan dependiente de los cosméticos como la Vanidosa). Y podemos decir que existe un tipo especial de belleza vanidosa: la belleza de porcelana fría, la muñeca, impecable pero emocionalmente hueca. El Vanidoso no sólo se preocupa por la apariencia, sino que ha desarrollado una habilidad para la presentación: presentar a otros, presentar cosas e ideas.

 

Poseen una habilidad para «venderse» y promocionarse a sí mismos. Por eso, no sólo se interesan por la ropa y la cosmética o por mostrar buenos modales; son también expertos presentadores de productos y de información y destacan en el sector de la publicidad. En su aspecto oscuro pueden presentar cosas o personas de una manera negativa, manipular su imagen de una forma adversa, lo que se puede conseguir no sólo mediante la calumnia, sino también gracias a una sofisticada habilidad social, con la cual es posible parecer simpático mientras se apuñala por la espalda a un oponente o competidor.

 

Tienen una gran disponibilidad para cambiar de actitud o de apariencia según las modas. Son calculadores, organizados, competentes, prácticos y funcionales. Sus habilidades más racionales están al servicio de la eficiencia dando lugar a una mentalidad de ingeniero o empresario que cobra forma  en su orientación a la tecnología y la tecnocracia. Incapaces de rendirse, necesitan tener todo bajo control y se las arreglan solos. Son hiperactivos e hipervigilantes, con tensión nerviosa permanente y una profunda desconfianza de que las cosas podrían ir mal si no las controlan. Esta falta de confianza contrasta con su optimismo aparente, y hace que este estilo de personalidad sea propenso a la ansiedad.

El Vanidoso suele parecer superficial al no tener acceso a sus sentimientos profundos, ya que tiene un problema de identidad del que no es consciente. No sabe quién es y no conoce sus verdaderos deseos, más allá del hecho de agradar a los demás y ser efectivo. Hay una insatisfacción permanente en su prisa por cumplir objetivos, o en los esfuerzos que hace por ser complaciente y aceptable para otros. Siempre intentado imitar modelos externos, se suele identificar con una imagen actualizada y fabricada de lo que considera socialmente deseable. En el afán de agradar y ser reconocido, el vanidoso busca ser autónomo y olvida su deseo original de amor. De este modo el vanidoso cree que ser amado es ser atractivo y tener éxito. Pero los demás lo ven como una persona superficial, vacía o de “plástico”. Como sufre de una pérdida de interioridad y carece de una verdadera experiencia espiritual, su vida se convierte en una serie de representaciones, y su identidad depende de su status profesional y otros roles. Sus deseos y elecciones no provienen de su interior, se basan en los modelos exteriores que emula. Algunos vanidosos buscan tener sex-appeal escapando a una experiencia erótica y emocional más profunda. A menudo esto  provoca que en la mujer haya una tendencia a la frigidez. Algo similar puede ocurrir en los hombres, que presumiendo de una gran potencia sexual, realmente no gozan de la experiencia erótica verdadera. El vanidoso, acostumbrado a ostentar su perenne máscara frente a los demás, con frecuencia tiene dificultades para estar a solas consigo mismo. La interioridad para él es algo completamente extraño, algo difícil de concebir en un mundo donde sólo existen la forma y la cantidad. El no hacer nada le resulta poco interesante y sin sentido. Pero es precisamente en la contemplación de sí mismo, en la meditación y en la inacción donde este estilo de personalidad puede recuperar su esencia y terminar con su vacío existencial.

 

Algunos Vanidosos famosos son: Bill Clinton, Bruce Lee, Cristiano Ronaldo, Sharon Stone, Arnold Schwarzenegger, Cindy Crawford, Ted Bundy, Paul Newman, Michael Douglas, David Copperfield, Miguel Bosé, Sting.

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