El Maquillaje

Una forma de liberar tu espíritu artístico

FUENTE: vistelacalle.com

Por VERÓNICA MEDINA

Nunca tomé clases de maquillaje, pero soy artista plástica y una enamorada del color. Como sobras de ojos, solía escoger colores intensos que ninguna joven de 25 años se habría atrevido a usar: azules turquesa, verdes luminosos combinados con amarillos pálidos, violentos magentas acompañados de tenues colores rosa pastel. Es evidente que tenía una adicción al color. Pero carecía de discernimiento estético alguno para elegir las tonalidades que mejor le acomodaran al color de mi piel, o de cómo combinar tonos de luz con tonos de sombra para darle profundidad a la mirada, y jugar con distintos efectos que realzaran la expresión de mi rostro. Era yo una simple amateur, muy temeraria por cierto.

Pero mi tozudez me impidió acudir a una academia de maquillaje como habría hecho otra mujer de mi edad. Por más extraño que parezca fue cuando comencé a entender la teoría del color, y todo lo relativo al arte plástico, que mi forma de maquilarme mejoró. Empecé a ver mi rostro como un lienzo sutil en el que cualquier tono mal aplicado arruinaría la belleza del conjunto. Y de manera automática, como todo buen artista, o aspirante a artista, empecé a observar los rostros de otras mujeres, principalmente aquellos de las famosas: actrices, cantantes, etc. Y a veces, dependiendo de mi estado de ánimo, encontraba entre los videos y las imágenes de internet, el rostro exacto que tenía los colores que yo precisaba. Me enamoraba de la imagen que veía en la pantalla, y corría al espejo para intentar reproducir lo que veía. El resultado fue inmediato. Aprendí a maquillarme de una forma natural y más armónica. 

Pero no usé técnicas como las grandes maquilladoras de la farándula, ni me aprendí ninguna regla de la alta escuela. Simplemente lo hice a través de la emoción y el sentimiento. Conectaba con la expresión del rostro que aparecía en la computadora, y la forma en que me sentía en ese momento. Y a veces me convertía en una mujer fatal y seductora, otras veces era una dulce ninfa de los bosques, o lo que yo quisiera ser en ese momento. Siempre hallaba mi modelo perfecto, a veces incluso aplicaba algunos accesorios y joyas que la mujer en el video, o en la imagen de la actriz, portaba. Me fui familiarizando con los maquillajes de moda, con la ola retro. Corrí a la tienda a buscar delineadores y tonalidades de los 60´s y 70´s e incluso probé las pestañas postizas. Maquillarme se convirtió en todo un experimento creativo. Conocí el glitter, el gloss para los labios, las aplicaciones en el área de los ojos, el corrector para iluminar los párpados inferiores, el rubor adecuado conforme a mi tono de piel. Las visitas a las tiendas de cosméticos rindieron sus frutos. Salí equipada con más de diez brochas y pinceles de distintos tamaños y formas, que en otra ocasión sólo habría pensado en aplicar para mis cuadros al óleo. Empecé a entusiasmarme con el momento de maquillarme, e hice de ese instante mí hora mágica, la hora para crear y ser yo.

Actualmente existe una disponibilidad de cosméticos sorprendente a disposición de todas las interesadas en explorar el mundo de la belleza femenina. Las jóvenes y las niñas de edad mediana, siguen siendo las más audaces a la hora de elegir elementos de maquillaje. Y las maravillas que consiguen se equiparan a la más sublime obra de arte realista contemporáneo. Ahora incluso las mujeres han llegado a pintar paisajes enteros en los párpados de sus ojos y en sus labios. Es increíble lo que se encuentra en internet hoy en día. Es todo un arte en movimiento, que simplemente nos invita a inventar, y a dejar volar nuestra imaginación. Creo que el propósito de resultar atractiva ante los otros quedó atrás, pareciera que el arte de un buen maquillaje se asocia más con un performance de arte moderno, en el cual el centro del espectáculo es la belleza realzada y potenciada al infinito, del rostro femenino.

Ahora, cuando me siendo algo superada por el estrés de la diaria rutina, o triste por algún acontecimiento pasajero, en lugar de comprarme una enorme paleta cubierta de chocolate con vainilla y nuez, abro mi estuche de maquillaje, que ya cuenta con cosméticos y artefactos de belleza de toda índole, y me dedico a disfrutar dos horas de esparcimiento creando un nuevo look, y desafiando a mi propia imaginación. En el mercado se ofrecen actualmente toda clase de polvos brillantes, calcomanías, delirantes tonalidades, texturas que simplemente nos invitan a hacer de nuestros rostros una obra maestra, para lucirla ante un público conocedor; o simplemente para pasar una tarde de sábado disfrutando de nosotras mismas, y descubriendo las potencialidades de nuestra belleza. Porque no hay mujer fea, y ese es un hecho comprobado. Cualquier tarde de viernes puedo acudir a mi karaoke favorito con mi última creación en el rostro, y deslumbrar a la concurrencia como la más encumbrada actriz Hollywoodense durante la alfombra roja de la entrega de los Óscares. Y si dejo volar más la imaginación, puedo convertirme en Cleopatra, la más hermosa de las reinas de todos los tiempos. Solo es necesario atreverse, armarse de los implementos adecuados en la mejor tienda de cosméticos y ¡A disfrutar!

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