Edipo y Electra

se burlan de nosotros

FUENTE: Kellepics / Pixabay                           

Por Aitana Lago

​JULIO 16,  2018

Aveces, cuando me entra lo psicóloga, me clavo en el comportamiento de los hombres y las mujeres, en el porqué de las relaciones, en cuál es la razón por la que no podemos entendernos y estar de acuerdo, en por qué ellos son como son… Así es como me la paso pensando en tonterías que —me parece— nos quiebran el coco a más de uno (si no es que a todos).

La pregunta eterna que les he escuchado a mis amigas y que incluso yo misma me he hecho es “¿qué quieren ellos?”; sin embargo, no nos hemos puesto a pensar en qué queremos nosotras. Lo primero es entender con claridad lo que buscamos, lo que deseamos obtener. Por eso quiero hablar de lo que muchos hombres persiguen y no encuentran, y de lo que en el fondo algunas de nosotras anhelamos, pero nos cuesta trabajo identificar.

Hemos escuchado infinidad de ocasiones que cuando somos niños estamos enamorados de nuestros padres porque son nuestra figura de amor, ya lo dice el psicoanálisis: “Hijos enamorados de mamá e hijas enamoradas de papá”, y eso es sano hasta cierto punto. Es natural porque son los primeros seres con los que establecemos relaciones afectivas; a eso Freud le llamó complejo de Edipo, en el caso de los pequeños, y Jung nombró complejo de Electra, en el caso de las pequeñas. Pero ¿qué pasa cuando esos complejos no se quedaron solamente en el plano ideal, en la primera infancia?, ¿podríamos estar buscando eternamente a nuestros padres en la pareja?

Conservar en la adolescencia y la adultez esos complejos, que son naturales hasta los seis años, supone una alteración en el desarrollo psicosexual y emocional, así como en la forma de relacionarse con el sexo opuesto (y no lo estoy inventando, es un tema súper tratado). A lo que voy es que con mucha frecuencia lo que el hombre quiere encontrar es simple y llanamente a su madre, una mujer que se asemeje a ella, y ahí está lo complicado, porque si ellos siguen enamorados de sus madres —y recordemos que el enamoramiento está en un plano ideal—, créanme, ninguna de nosotras va a satisfacer sus expectativas, pues tratan de alcanzar a una mujer perfecta como su mamá, y en ese caso, queridas, ¡ya valimos! La buena noticia es que no todos los hombres se quedaron en esa etapa, muchos la superaron sin problema.

Pero ahí les va la otra: las mujeres también pueden no superar el complejo de Electra y permanecer enamoradas de su papá (conozco a varias bien intensas), y en ese caso pasa lo mismo pero al revés; es decir, ellas son las que buscan constantemente a su padre en la pareja, a un hombre perfecto como era su papá en la infancia. Si así son las cosas, parece que estamos fritos, aunque, por fortuna, la mayoría podemos dejar atrás esa etapa emocional.

Así es como tanto Edipo como Electra se burlan de nosotros, nos queman las neuronas y nos rompen la oxitocina cada vez que tratamos de relacionarnos con el otro. Capaz que lo más sano antes de enamorarnos sería ir al psicólogo y descubrir nuestros deseos más profundos. Por mi parte, todavía no sé qué ando buscando, pero de lo que estoy segura es que no es a mi papá.

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