Dime qué pasa

FUENTE:  Pinterest                            

Por Guadalupe Cerezo

JULIO 09 2018

La historia es larga y de sólo recordarla se me hace un hueco en el estómago; antes se me doblaban las piernas y sentía calosfríos, acompañados de una risita incontrolable.

 

Obviamente, no había comprendido que los non plus ultra tenían que desempeñar un papel central en el destino. Cuando veo a los nacos en las esquinas, con sus caras de hambre, me dan ganas de exterminarlos para acabar con un lastre social, pero me contengo porque recuerdo al Jefe supremo, quien siempre nos repite: “Son un mal necesario y, además, nuestra bandera; tomamos su mugre, su ignorancia, su mirada miserable, su silencio”.

 

Los callaron y los seguiremos callando. Sospecho que la zorrita de mi prima anda en otra onda; de todos modos, va a pasar a formar parte de las estadísticas de los difuntos de este país.

 

Me vi en la necesidad de solicitar apoyo para echar a andar un plan perfecto, sin pruebas. Los de muy pero muy arriba consultaron al Príncipe de todos los tiempos, Nicolás Maquiavelo, y me dieron más de diez posibles salidas; mi adorada güera tendrá que desaparecer:

 

–Fíjate bien, escucha: plan uno: secuestro; plan dos: asalto; plan tres: suicidio; plan cuatro: casa de salud; plan cinco: infarto; plan seis: accidente; plan siete: convencimiento voluntario; plan ocho: exilio; plan nueve: una sembradita de…; plan diez: activista contra el gobierno.

 

Me cae que hasta parece taranovela, aquí reza y se aplica al pueblo pan y futbol. No lo vas a creer, pero hay muchos asesores de logística. Participan los altos mandos, logias, excelencias a las que les besan la mano, iluminados, cofradías, tú sabes, y si no lo sabes, te lo estoy confiando.

 

Todo lo que pasa está planificado, tiene que suceder porque así está previsto, aunque te voy a decir que no falta algún despistado que al calor del coñac, whisky, champaña, coca, opio, pastillas o todo cruzado de repente se acuerde de Dios, insultándolo o pidiéndole piedad. Entonces aparece el que se cree faraón, o sea Dios, y ya encarrerado retrocede al imperio romano con la convicción de que es parte de los Césares, los dueños absolutos de todo.

 

Me sorprende la sangre fría de algunas viejas, nada que ver con la güera. Estas cabronas tienen pensamientos más elaborados para dar los golpes, por lo bajo. Silenciosas como las fieras cuando esperan a su presa. Ellas han estado ahí, observando agazapadas, y ahora con eso de la equidad de género emergen. ¡Cuidado, mano!, son unas desgraciadas. No obstante, se sabe por ellas mismas, que sus sentimientos, si aparecen y no son capaces de controlarlos, pueden perderlas.

 

Mi angustia tiene que ver con la herencia de sucesión y, por supuesto, no quiero compartirla con la escuincla esa. Por cierto, hay que reconocer que se puso muy buena, pero aun así no quiero compartir nada.

 

El tío, queriendo ser muy caballeroso, me dijo que ella iría primero y yo segundo. La razón que me dio es que está muy pegada a los libros, es una intelectualilla que me habla de personas que ni conozco, como un tal Lope de nosequé, quien según ella escribió una gran obra, Fuente de ovejas o sepa la chingada.

 

Una vez me preguntó si había leído el Quijote, y le contesté que a ese si lo conocía por su amigo Sancho Panza. Lo que me sacó de onda es que me interrogó por un tal Carlos Fuentes, y ni madres, yo solo practico las matemáticas, sé contar muy bien; los billetes verdes son mi adoración; porque, fíjate bien, una vez que llegan los de aquí, los cambio por los de allá. Mira, cuate, me caes bien te tengo ley y confianza y por eso te cuento mis cosas.

 

Así como me ves, he desaparecido a muchos por estorbar los planes, pues una vez que entierras los escrúpulos, todo se le hace a uno fácil. El plan once empezó a caminar, lo titulé Amor en escape: le mando un galán, ese que me recomendaste; por eso te tengo ley, mi guarro, ¡me saliste más cabrón que bonito!

 

Los he visto salir muchas veces, con decirte que hasta me lo presentó. ¡Ay, las mujeres! Rebeca ya cayó y está muy enamorada, ¡todo está saliendo perfecto!

Me da mucha rabia que el viejo quiera la candidatura para ella y que yo vaya de suplente, me encabrona que no sea agradecido de todos los favores que me ha encargado. La odio, pinche vieja, todas las de su clase piensan que con sus nalgas logran lo que quieren, mejor no me expongo.

 

El sonido del celular interrumpe la conversación, el rostro del hombre se transforma, la ira se apodera de él escupiendo palabrotas: “¡Chingao, carajo… pendejo! La operación debe estar terminada esta noche, sin excusas. Si fallas, yo mismo te quiebro”.

 

El olor a orina es insoportable, el vómito, las botellas, las pastillas, la coca… Duerme tendido como un trapo. El tiempo silencioso camina, han pasado cuarenta y ocho horas. El ilustre apellido del hombre ha quedado en su miasma, y al volver a la realidad se apresura. El agua de la regadera, los perfumes y afeites hacen el milagro.

 

La cara de Juan Luis Carlos Antonio se ilumina al recordar que la famosa güera ya no estorbará, ahora él llegará seguro y firme al lugar anhelado, busca a su escolta, le grita por su nombre y su mirada se detiene en el buró. Ahí está un cedé, con un audio y una misiva: “Hijo de puta, sospecho que a estas horas te preguntarás tú mismo ¿qué pasa?”

 

Tomado del libro de cuentos Somos uno,

de la misma autora

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