Departamento de Ajustes Emocionales

por Nadenka Kruvskaya

 

Yo no se ustedes, pero a mí las fiestas y el escándalo de fin de año me dejan en verdad exhausta, noqueada, tumbada, cabizbaja, como si me hubieran puesto una tunda emocional, física y conceptual. No es nada más el hecho de que te la pasas de festejo en festejo, de posada en posada, del tingo al tango, de que gastas como enajenada, comes como maniaca y bebes como depravada, de que trabajas el doble porque aparte de chambear en la chamba hay que poner el arbolito, adornar la casa y la oficina y el negocio y lo que gustes y mandes, comprar miles de adornos y regalos y comida, hacer la cena, recibir a la familia, cocinar el doble de comida, lavar el doble de trastes, limpiar el doble de días y lidiar con un montón de imprevistos que surgen durante las “vacaciones” en familia. No, para nada, no se trata solo de eso, aunque ya con eso tenemos bastante, la verdad, para que el fin de año se vuelva una pesadilla.

 

Además de todo ese tormento al que año con año nos sometemos con arraigado entusiasmo, las fiestas navideñas se vuelven una tortura emocional porque bueno, ustedes lo han de saber, durante esos 15 días uno tiene que ver a toda, toda, toda la familia, y a veces pasar unos 3 o 4 días de esos con toda la prole metida en tu casa ¿o no?

 

Está ampliamente comprobado (y no me pregunten por quién, ya saben que en google uno se encuentra explicaciones para todo) que la gente enloquece en navidad, que ver a la familia lo deprime a uno harto, porque por algo se sale uno de su casa a los 18 años, que tanta convivencia no trae nada bueno, porque es justo en estas fechas cuando te peleas con todo el mundo, cuando salen los rencores acumulados durante años, cuando se hacen públicos secretos de familia muy bien guardados, cuando te agarras del chongo con la cuñada o el primo o la hermana porque ya hacía tiempo que le traías ganas.

 

Sí, es así, no me digan que no. Es justo en navidad cuando te deschongas con todo el mundo, y a veces no sabes ni porqué. Pues yo les voy a decir, es porque en navidad todos andamos muy emotivos, muy sensibles, muy idealistas y soñadores y proclives al drama. De ahí, el paso hacia el abismo no nos cuesta nada. Es en navidad, cuando vemos a toda la raza, cuando acabamos diciéndonos nuestras verdades, porque bueno, se aprovecha que todo el mundo está en casa, y eso no hace otra cosa que recordarnos las dinámicas de la infancia, o sea, hay que agarrarnos todos a catorrazos porque así es como estábamos acostumbrados, así es como nos entendíamos cuando estábamos todos juntos y pegados como muéganos, no conocemos otro idioma cuando estamos en familia. Todo empieza con un vamos a estar todos juntos, y acaba con un vamos a darnos de madrazos.

 

Para mí que la Navidad y fiestas circunvecinas es una maldita desgracia, qué Santoclos ni qué regalitos, ni qué paz a los hombres de buena voluntad y otras patrañas por el estilo. La Navidad en mi pueblo es para agarrarnos todos a verdadazos y acabar con la poca autoestima que logramos construir muy lejos de nuestras familias el resto del año. Y ustedes me van a perdonar, pero si les digo esto es precisamente porque acaba de pasar Navidad y todavía ando un poquito emocional, en algún lado han de ir a parar tanta sidra y tanto vinito, y tanto champán para brindar.

 

Por todo esto que les acabo de contar, yo he llegado a pensar, sobre todo cuando acaban estas fechas y ya todo vuelve a la normalidad, que debería existir un lugar donde uno se pudiera ir a reparar cuando acaba la pinche Navidad, algo así como una clínica de desintoxicación, donde nos pudieran curar de tanta familia, tanto brindis, tanta comida atipujada en la panza, tanta bronca familiar y tantas emociones desatadas que no quieren regresar al corral. Porque dicha sea la verdad, uno queda muy pero que muy magullado cuando llega Enero, como si Diciembre con sus excesos y sus fiestas y sus encuentros familiares nos vomitara el primer día del año nuevo a la dolorosa realidad.

 

Sería genial, la verdad, que existiera un lugar así, yo le llamaría Departamento de Ajustes Emocionales, con plan de reducción de peso y desintoxicación etílica incluido. Estaría en serio atascado de tránsfugas de la Navidad y Grinches jurados, sería un negociazo. Yo, para empezar, sería su clienta asidua, me pasaría ahí internada el resto del fucking año.

 

¿Qué no?

 

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Nadenka Kruvskaya

Autentica vale madre e irreverente, desinhibida y salvaje. Chilanga y burócrata renegada, se define como una guerrillera comunista y una feminista radical. Reparte ideas de igualdad sin ton ni son.

Los Calzones de Guadalupe Staff

Aquí hablamos de lo que importa decir, que es generalmente lo que nadie quiere escuchar

Tags   Navidad, Año Nuevo, Grinch, emociones, Nadenka Kruvskaya

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