Del Amor y otros Demonios 

Parte 2

FUENTE: artelista.com

Por XÓCHITL NIEZHDÁNOVA

Heme aquí nuevamente, con este tema tan controvertido del amor de pareja. Pasan tantos acontecimientos cotidianos a nivel mundial, que tocan de una u otra forma la complejidad de las relaciones entre géneros, que se hace difícil saber por dónde comenzar a tratar este intrincado aspecto de nuestra vida en sociedad. Lo primero que se hace necesario decir es que, si bien la especie humana está constituida por hombres y mujeres que deben convivir a diario en los diferentes escenarios de nuestra vida en el planeta, a nivel individual el amor de pareja es un fenómeno que cada vez se realiza con menos frecuencia, y tanto hombres como mujeres siguen viviendo a pesar de este hecho.

 

Eso me hace pensar que si bien el amor como valor va modelando nuestra existencia, el amor hacia alguien del sexo opuesto no siempre tiene lugar, ni resulta exitoso. Es verdad que muchas de nosotras quisiéramos vernos realizadas en este aspecto; es verdad que desde jóvenes nos afanamos por hallar un compañero de vida que no solo nos proteja, sino que nos permita trascender más allá de nuestra individualidad. Pero en los tiempos que corren esto no siempre es posible. Es un hecho que debemos aceptar.

 

Tal parece que a menudo los intereses de hombres y mujeres están francamente divorciados. Y aunque los matrimonios prevalecen, las estadísticas sobre solteros aumentan vertiginosamente, ya ni se diga las de los divorcios. Puedo decir, sin temor a equivocarme, que esta no es una época propicia para el amor. Me duele decirlo, pero es la verdad. Razones hay muchas. En el seno de esta “tragedia” mundial están los precedentes sentados por el sistema de poder que impera a nivel del globo terrestre. Capitalismo y amor no son dos conceptos que vayan de la mano.

¿Qué hacer cuando el joven de la mirada lánguida en lugar de voltearse a ver nuestro nuevo vestido, está pensando en aplicar dentro de su empresa para un puesto más alto? O aquel hombre barbado de plática interesante está preocupado por quien va a dirigir el país en el próximo sexenio. Ejemplos hay muchos, y a mí como mujer me duelen. Ya no digamos del hermoso ejemplar masculino que en vez de voltear a ver nuestras curvas, prefiere irse de shopping con su pareja del mismo sexo. Así están las cosas. Y yo me pregunto, ¿en qué punto nos perdimos? Pero no debe ser motivo para ponerse a llorar y cortarse las venas con galletas de animalitos.

 

Es cierto, el desencuentro entre géneros es un drama contemporáneo, ¿pero acaso los arrumacos y los besitos son el único placer terrenal que la vida nos tiene reservado? Veámoslo como un tiempo para redescubrirnos. Y aquí hablo tanto de nosotras como de ellos. Tal vez, cuando conozcamos mejor lo que nos complace, lo que nos deleita, lo que nos conmueve, estemos mejor preparados para compartirlo en pareja. Porque muchas veces buscamos perseverantemente la “media naranja” simplemente para volcar nuestras frustraciones, o persiguiendo una realización que solo nosotras somos capaces de darnos. Es el fin de los cuentos de hadas, y también del romanticismo dicho sea de paso. Pero cómo saber si terminar con las fantasías tipo Hollywood no resulta, después de todo, mejor negocio que vivir atoradas en una infancia amorosa imposible de realizar en el mundo real.

Es posible que lo que se requiera para sortear estos tiempos “infames” de ausencia de amor sean precisamente nuevas formas de amar. No hablo del poliamor, o los swingers, o los tríos, ni ninguna de esas formas destinadas a morir por intrascendentes. El sexo es lo menos importante cuando de relaciones hombre mujer se trata. Es un hecho que necesitamos reaprender a amar. Y para eso lo primero tendrá que ser reencontrarnos como especie, como género, y como individuos. Hasta aquí mi disertación por el día de hoy.

 

Prometo que en la próxima parte de este “ensayo” aterrizaré en el pan nuestro de cada día, echando una ojeada a lo que pasa en el interior de cada uno de nosotros, seres extraviados en la complejidad de una realidad ajena, que por inercia buscamos la manera de darle la vuelta a las relaciones entre distintos sexos simplemente porque estas involucran afecto, correspondencia, fidelidad y demás palabras borradas de nuestro diccionario personal.

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