Remontar la Ola

FUENTE: Getty Images

Por AYLIN OLMEDO

Buscando una alternativa a mi vehemente temperamento, me topé con la milenaria doctrina del Tantra. Desde joven, creí que la intimidad debía ser la expresión más sublime del amor hacia otro. Los preceptos del Tantra se ajustaron a mi pensamiento como anillo al dedo, y desde mis primeras lecturas me enamoré de esta doctrina. Su práctica no es sencilla. La mayoría de los occidentales la han desvirtuado, reduciéndola a una práctica sexual más, cuyo objetivo es la prolongación del orgasmo, al lado de una serie de posturas que incrementan la excitación sexual; con la promesa de una “experiencia física gloriosa”. Pero el Tantra es una filosofía de vida que emplea la sexualidad como medio para la trascendencia, y la superación de los condicionamientos que nos impiden disfrutar de nuestra libertad y vivir plenamente. Una de las premisas de esta filosofía es el amor en la pareja, para poder llevar a cabo una fusión que desaparezca los límites personales, en la unión de ambas partes. Ésto, eventualmente alimentará a los dos partenaires, y provocará un crecimiento espiritual que dará lugar a una expansión del ser, provocando la sensación de una paz interior duradera. Esto es, en parte, a lo que dicha doctrina se refiere con trascendencia. “El ser humano se eleva a través, y por medio de la naturaleza humana, sin rechazar la misma”.

A los 43 años, algunas de las relaciones que formaban parte de mi historia personal habían hecho una mella profunda en mí, inhibiéndome, sin darme cuenta, de la manifestación abierta de mis emociones. En pocas palabras, tras ciertas experiencias traumáticas a nivel emocional, yo había perdido sensibilidad corporal y tenía un rechazo ocultó al contacto físico, lo cual afectó mi experienciación del placer sexual. Yo no me había dado cuenta de este hecho, y por el contrario, me consideraba una mujer desinhibida y ardiente a la hora de hacer el amor. Por esa época conocí a un hombre llamado Carlos. Desde el principio de nuestra relación se tomó la molestia de hacerme sentir cómoda con su dulzura y su manera de ser, algo ingenua. En breve tiempo nos enamoramos. Me sentía tan segura con su cariño, que incluso llegué a pensar en mudarme a vivir con él. El catorce de febrero, día de San Valentín, pasé el día entero a su lado y por la noche me quedé a dormir. Cuento la historia de este breve romance porque fue la primera vez que experimenté en carne propia el fenómeno descrito en el Tantra, como “Remontar la Ola”. Este consiste en ir incrementando el placer que la pareja siente, de manera alternativa. Cuando la mujer siente el flujo de excitacion el hombre controla su orgasmo, y una vez que ella está suficientemente excitada, es el hombre quien comienza a ascender la curva del placer, provocando un extasis aún mayor en ella.

Esa noche al hacer el amor, con los vaivenes de la energía sexual que se sucedían entre los dos, llegó un momento en que sentí la necesidad de abandonarme. Mi cuerpo se abrió a la sensación de sus caricias y besos, y los pensamientos dejaron de fluir atropelladamente en mi cabeza. Mi excitacion sexual se fue incrementando, sin que yo pudiera hacer nada para detenerla. Él parecía conocer mis zonas de mayor sensibilidad, y las estimulaba de una manera prodigiosa. De pronto me sentí caer en un profundo abismo, mi mente quedó en blanco, y una paz absoluta sé apoderó de mí. En seguida sentí una corriente de electricidad recorriendo mi cuerpo, y una explosión de placer me coloco en la cima de un extasis desconocido para mí hasta el momento. Las sensaciones se ahondaron e inesperadamente sobrevino el orgasmo. A diferencia de otras ocasiones, esta vez la sensación comenzó a prolongarse y a hacerse cada vez más intensa. Me sentí sumergida en un mar de pulsiones poderosas que hicieron vibrar cada parte de mi cuerpo.Tuve un segundo orgasmo, y un tercero. Súbitamente me encontré a mí misma incapaz de detener el placer que experimentaba. Parecía que el extasis no tendría fin. Entonces vino a mi mente esa descripción que había leído en algún texto Tantrico acerca de Remontar la ola. Era innegable que eso era lo que me estaba sucediendo. Era imposible detener aquel flujo de energía sexual que me provocaba un orgasmo tras otro, con una intensidad cada vez mayor. No supe cuanto duro aquella sensación de placer indescriptible. A mayor satisfacción, ambos anhelábamos más y la ola de excitación crecía. En un momento tuve la sensación vívida de que nuestros cuerpos ocupaban el mismo espacio. Me hallaba en la cúspide de una gigantesca montaña de placer infinito. Ambos conformamos un circuito cerrado de deseo sexual que mantuvo una corriente energética por tiempo indefinido.

Lo que sobrevino después fue casi sobrenatural. Los candados virtuales instaurados en cada parte de mi, particularmente en la parte más profunda de mi útero, se abrieron y me dejaron en libertad de experimentar en toda su intensidad el instante de placer extremo provocado por el roce de nuestros cuerpos. Repentinamente cualquier condicionamiento o prejuicio mental desapareció y sentí una plenitud que embargó completamente mi ser. Estaba ‘curada”. Los lugares secretos de mi cuerpo habían sido liberados, y el caos mental desapareció. Tras ese encuentro con Carlos la ansiedad no volvió a asaltarme, la culpa, los remordimientos, tampoco lo hicieron. Recuperé por completo la sensibilidad de mi cuerpo, y a partir de entonces hacer el amor se convirtió en un sublime acto de entrega completa, una dádiva de amor al otro. Esa noche, al Remontar la Ola, me recuperé a mí misma, recuperé el amor por mí, y todo sufrimiento cesó.

Mi ser quedó colmado de una energía maravillosa que me dio acceso a La Paz interior, y al perdón por mis equivocaciones. Era como si mi ser hubiera quedado restituido y listo para amar como la primera vez. Por motivos que en este momento no viene al caso mencionar, Carlos y yo nos separamos tiempo después . Pero siempre guardaré un profundo agradecimiento hacia él por haber sanado mi mente y mi cuerpo, en esa maravillosa noche que ambos Remontamos la Ola, y nos entregamos al sentimiento de amor más absoluto.

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