Mi trayecto

por Samantha FLA

 

A propósito del 8 de marzo y de una rica charla entre Calzonudas y Vorticianos (por cierto, deberían escucharla), me puse a pensar en la forma en que vivimos el día a día las mujeres y recordé un texto que leí en redes sociales hace algún tiempo, un texto en el que se evidenciaba lo absurdo que sería para un hombre cuidarse de cómo se viste, de cómo habla, de a dónde va, con quién y por dónde camina.

Siempre he comentado que las mujeres aprendemos a estar alerta desde muy niñas y que vamos por la calle calculando los movimientos, cosa que dudo mucho los hombres tengan que hacer, así que hoy hice el ejercicio de recordar mi trayecto, porque esto es algo que hacemos siempre las mujeres, casi de manera inconsciente.

Salgo de mi casa, a la izquierda un trabajador en un buldócer, atravieso la calle, paso por el camellón, a las 12 (posición del reloj), dos tipos medio alcoholizados (en la mañana eh), pienso “ya van a empezar a joder”, paso cerca de ellos, dicen algo que ni alcanzo a entender, sigo mi camino por la calle, vienen detrás de mí hablando, pero lejos porque llevo un paso rápido (siempre se me hace tarde para ir al trabajo), delante de mí dos chicas universitarias, del otro lado de la acera nadie. Camino unos diez metros, sigo escuchando a los borrachos pero ya más lejos, me atravieso a la otra acera, detrás de mí nadie, delante de mí gente lejana.

Casi llegando a la esquina, a la izquierda un grupo de jóvenes universitarios desayunando, inofensivos (pienso), una pareja sale de otro changarrito de comida, dan vuelta dos chicas. Esquivo a dos hombres que vienen concentrados en su camino, a pasó rápido como yo (seguro se les hace tarde también), llego al semáforo peatonal, en el camellón tres chicas y dos chicos que están esperando pasar, desfile de universitarios en el paso, llego al otro lado y entro a la universidad, a mi derecha en el auditorio una fila interminable de estudiantes (¿qué regalan?), sigo caminando, dos chicas a paso lento delante de mí, acelero para rebasarlas, hoy es un día tranquilo porque no hay mucha gente que se atraviese en mi camino al trabajo, entro al edificio, saludo a Don Gus y a Memo.

Todo este entrenamiento de observar la calle, analizar riesgos, decidir por dónde caminar es un ejercicio cotidiano casi imperceptible por las mujeres, estoy segura que todas hacemos esto cuando salimos, sobre todo si desde niñas aprendimos a movernos solas. Nadie nos enseñó, las experiencias nos fueron llevando a estar alerta en cualquier momento, como en un trayecto de 200 metros al trabajo, o cuando vamos a la tienda en nuestra propia colonia, ya no pensemos en el estado de alerta cuando estamos en territorios desconocidos.

¿Por qué tiene que ser así?, por qué debemos aprender a cuidarnos y a estar alerta, por qué tenemos que estudiar técnicas para defendernos de un ataque, ¿no sería mejor que se les enseñara a los hombres, desde niños, que las mujeres no deben ser maltratadas nunca, bajo ninguna circunstancia?, llámenme hippie pero no debería existir la violencia en ningún sentido y dirección, y confieso que ese acoso callejero al que estamos expuestas las mujeres todo los días, todo el día, me ha llevado muchas veces a contestar con violencia, a mentar madres y hacerle ver al otro (no de la mejor forma), que no tiene derecho sobre mí, que sus opiniones sobre mi cuerpo o lo que soy se las puede guardar donde le quepan.

Así que, mientras los padres no eduquen a sus hijos e hijas para ser respetuosos y convivir sin violencia, y mientras nuestro país siga siendo un lugar poco seguro para las mujeres (y para todos), yo seguiré vigilando mi trayecto a cualquier lugar que vaya, todos los días y a cualquier hora.

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Samantha FLA

Comunicóloga, lectora compulsiva, tuitera incomprendida, bailarina frustrada, amante de Netflix, apasionada del futbol y rockera por convicción. Alucina –sin consumir nada- sobre la soltería, el desamor y los corazones rotos.

Los Calzones de Guadalupe Staff

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Tags  acoso, violencia de género, feminismo, Samantha FLA

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