por Samantha FLA

No hace mucho fui al cine (¡milagro!) a ver una película de terror, y no sé por qué desde hace tiempo ninguna me convence; creo que, más que una verdadera historia de horror, lo que hacen son filmes de espanto, o sea, producciones que solamente buscan asustar, sin causarte miedo verdadero. Te hacen pegar un buen brinco, pero no porque la trama lo amerite, sino por efectos visuales, sonidos estruendosos o apariciones inesperadas. 

Así que me puse a pensar cuáles películas eran las que más miedo me han causado, y de inmediato me vino a la cabeza una serie de cintas francesas que solo vi una vez y no creo volver a ver, porque no solo me asustaron, sino que fueron hasta el miedo más instintivo, se me quedaron en la mente y pasé días estresada.  

Estoy hablando de producciones que pertenecen al nuevo extremismo francés, una corriente cinematográfica relativamente nueva que tiene una manera cruda, incómoda y violenta de presentar al espectador una historia que no quiere ver. 

Mi acercamiento a esa expresión fílmica fue por casualidad, sin querer y por culpa de mi hermano, quien me prestó —ni más ni menos— Trouble Every Day (Sangre caníbal, en español), producida en 2001 y considerada una de las primeras de esta corriente, un film incómodo y sangriento, pero sin llegar a causar conmoción, al igual que Grave (Voraz, en español), de 2016, que también es perturbadora en algunos momentos, hasta el punto de la náusea, pero muy tolerable.  

El verdadero terror lo encontré con otras dos: la primera, me parece que una de las más conocidas de esta corriente: Irreversible (2002), del argentino Gaspar Noé —¡qué horror! —, esta sí que te conmociona, es violenta al extremo, incómoda, psicológicamente transgresora; en pocas palabras, te quedas traumado después de verla (y más si eres mujer). Sin embargo, por su forma narrativa, su producción y fotografía es muy atractiva, por eso la crítica se dividió entre los que la aclamaron y los que la rechazaron en su totalidad. 

El otro filme que es hiperviolento, turbador y descarnado es Mártires (2008), de Pascal Laugier, que en su debut, en el Festival de Cannes, generó reacciones adversas en los espectadores, quienes en muchos casos no terminaron de verla, e incluso salían en pleno llanto de la sala; además, su trasfondo socio-filosófico dividió las críticas, pues para algunos fue demasiado violenta sin verdaderas intenciones políticas, y para otros una de las mejores películas extremas y de terror de la época.  

Mártires es una historia que, aunque parecería descabellada, podría estar ocurriendo en cualquier parte del mundo, incluso en tu propia ciudad, creo que ese es uno de los puntos más terribles de estas cintas: que apelan al miedo psicológico, a hechos reales, a situaciones que ocurren y que podrías vivir cualquier día.  

No hay monstruos, no hay sustos, no hay nada más que la brutalidad del ser humano, una realidad en extremo violenta, que no está lejos de lo que vivimos en estos tiempos. 

No pretendo dar una cátedra de cine, pero sí me parece importante señalar algunas características de esta corriente, porque no solo contiene violencia per se, sino que hay fondo de denuncia, de crítica al mundo contemporáneo. Se trata, pues, de producciones cinematográficas en las que se resalta el cuerpo y el sexo descarnado, la violencia explícita y la representación de lo irrepresentable para generar sensaciones crudas al espectador.  

La violencia tiene un doble juego, pues se presenta de manera directa y física sobre los personajes de la historia y se transmite de forma psicológica hacia el público, al colocarlo en situaciones incómodas, ya que es testigo y partícipe de escenarios que no quiere ver. Así, el sexo y la violencia son temas recurrentes en el nuevo extremismo francés, pero también hay un trasfondo, temáticas secundarias que evidencian la decadencia moral de la sociedad actual: crímenes de género, venganza, alienación del hombre y prostitución, entre otros. 

Si quieren una probada de este cine, lo más accesible es Voraz (Raw), que pueden encontrar en Netflix, pero, eso sí, les advierto que hay escenas perturbadoras que incluso podrían provocarles náuseas. Si la ven, es bajo su propio riesgo. 

Cine de terror al extremo

 

 

                                                                         

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Samantha FLA

Comunicóloga, lectora compulsiva, tuitera incomprendida, bailarina frustrada, amante de Netflix, apasionada del futbol y rockera por convicción. Alucina –sin consumir nada- sobre la soltería, el desamor y los corazones rotos.

Los Calzones de Guadalupe Staff

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Tags   cine de terror, películas, pasatiempo, Samantha FLA

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