Buscando 

mi punto G

 

 

                                                                         

por Aitana Lago

La prima de una amiga de una de mis compañeras de clase (bueno, ustedes saben a lo que me refiero) me dijo que eso del punto G, a ella nomás no se le daba. Que conste que se lo había buscado, y mucho, por todas partes, desde los 13 años. Eso es lo que ella dice. Les pasa a muchas, para ser sinceros. El sexo es algo complicado ya de por sí, así solito, luego agréguenle puntos inencontrables, consignas feministas, y sentimientos contradictorios ¿alguna otra cosita que se les ofrezca? 

 

La verdad es que hasta los 20, me daba la impresión de que eso del dichoso punto orgásmico era un mito urbano, algo así como una broma para tenerte como boba entretenida buscándolo. Pero claro que un día viene una amiga real (que no verdadera, ¿verdad?) y dice que ella sí que se lo ha encontrado el bendito punto, se lo encuentra a diario, y que de hecho fue su novio, el hombre maravilloso y auténtico amor de su vida el que se lo encontró después de algunos intentos ( no muchos, a decir verdad, según presume esta supuesta amiga).

 

Lo peor de esta desconsoladora confesión que me hace es que según ella, el punto G no es en definitiva algo que tú te encuentras, si no que es algo que solo el verdadero amor de tu vida es capaz de encontrarte, reconocerte y desde luego activarte desde ese mágico instante y por el resto de la eternidad. Cuando me dice esto, obvio yo me horrorizo, la escucho escéptica pero conmocionada, como si la malvada hechicera del cuento de la Bella Durmiente me estuviera lanzando una maldición: "Reconocerás al verdadero amor de tu vida el día en que el susodicho príncipe azul active tu punto G". 

 

-Noooooooooooo (añádase aquí una imagen de la hermosa veinteañera que soy, vestida con divino atuendo de princesa encantada, el dorso de la mano delicadamente colocado sobre la frente en auténtico gesto de dolor, lanzando un estruendoso grito de terror)

 

Ahora resulta que sólo encontraré al verdadero amor de mi vida el día en que un buen mozo me localice amablemente el famoso punto G. ¡Vaya maldicion! 

 

Obviamente no creo ni una pizca de esta historia ridícula y fantasiosa que me cuenta esta mala amiga, que por cierto se llama Aurora, como la del cuento de La Bella Durmiente. ¿No les parece que es demasiada coincidencia?  ¿Qué sigue ahora? ¿Se me va a aparecer una Hada Madrina vestida de sensual dominatriz en botas largas, lencería de cuero negro y látigo en mano a manera de varita mágica?

 

No, por supuesto que no, yo de esta historia no creo ni un rábano, por más que Aurora aderece su maldito cuento con lo que ella llama "fundamentos científicos" que tienen que ver con liberación de hormonas, compatibilidad de químicas y no sé qué otras patrañas. No señor, yo no creo nada.

La mujer instruida y cultivada que soy (y que mi madre tanto se ha esforzado en formar pagando cuentones en libros y universidad) se niega a dar por cierta ni media palabra de eso. Pero luego viene la otra, lo tengo que confesar, esa otra que también soy yo, que es romántica y tonta, la boba que se busca el punto G solita, o con juguetitos, la que se enamora del primer zopenco que le habla bonito y la halaga.  Me da vergüenza admitirlo, pero esa otra también soy yo, lo soy muy en secreto, casi a escondidas (que conste que esto no debe salir de aquí, nadie tiene que saberlo).

 

Pues esa otra que también soy a veces, sí se lo creyó tantito, la verdad. Y aquí estoy, otra vez como boba, ya no buscándome yo sola el dichoso punto con un plátano en la mano (como me había dicho la prima de la amiga de una compañerita de la secundaria, que había que encontrarlo) sino así nomás, sentadota en clase, o de noche acostada sola en mi cama, pensando, soñando con el bobo príncipe azul con las habilidades mágicas para descubrir en mi cuerpo el punto G, con las herramientas amorosas necesarias para activarlo, romper el hechizo de mi falta de orgasmos, hacerme gritar y reír y llorar de tanto placer finalmente alcanzado, de tanto amor verdadero encontrado. 

 

-Eso es de gente estúpida- me dice tajante mi yo inteligente, feminista y Strong Independent Woman

 

-¡Claro que no!- le contesta mi otra yo, la cursi y enamoradiza

-Es de gente sensible, romántica e idealista-

 

-Muy romántica te va a salir tu depresión cuando el príncipe del punto G te salga un patancillo  despistado como el de la última vez- me replica ella con su aire de suficiencia

 

-Muy cara te sale a ti tu soledad científica de rata de biblioteca trasnochada- le contesto yo con ánimo de lastimarla

 

Y así nos vamos las dos, mi Yo incrédula y mi Yo tarada que sigue creyendo en el amor, nos peleamos frente a frente en el espejo y luego acostadas y solas en mi cabezota las dos. 

 

-Estamos SOLAS cerebrito, y sin pizca de idea de dónde queda el bendito punto- le reclamo.

 

La verdad es que en el fondo siempre gana mi Yo romántica y enamorada, la tarada, la que cree en la existencia real, científica y comprobada de un punto celestial escondido en mi cuerpecito donde se activa el amor verídico, como en los cuentos modernos de Hadas, cree también en ese galán principesco que se aparecerá un buen día de la nada en mi cama, y con sus dotes de Don Juan Millennial y sus destrezas de Bestia en la cama, me va a llevar al altar de la experiencia orgásmica suprema. 

 

Por eso esta noche me voy de fiesta, dejo a mi otra Yo con su ciencia y su filosofía amargada de Strong Independent Woman solitaria. Frente al espejo sólo estoy yo, la enamoradiza, la cursi, la de ideas pasadas de moda. Quién sabe, igual y esta noche sí regreso acompañada a la cama con el PRINCIPE G en persona, así, con letras mayúsculas, lo que se dice un hombre con todas sus letras, con enormes manos de pianista, ojos profundos y tiernos que de mirarte te hagan temblar las piernas y que se te afloje la tanga.

 

Y ahí, solitos los dos bajo las sábanas, le damos clic a todos los puntos, a las comas, a los paréntesis y hasta las comillas. Todo es posible cuando mi Yo enamorada toma las riendas. Igual y activamos juntos punto por punto en mi cuerpo hasta llegar a la Z.

Captura de pantalla 2019-05-06 18.30.18.

Aitana Lago

Psicóloga -de esas que están más dañadas que los pacientes- experimentadora de la vida, cuentera, soñadora y solitaria eterna. Regala vivencias de amor, sexo y venganza para una vida feliz.

Los Calzones de Guadalupe Staff

Aquí hablamos de lo que importa decir, que es generalmente lo que nadie quiere escuchar

Tags   orgasmo femenino, punto G, sexualidad, pareja, Aitana Lago

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