Asesina a sueldo

 

 

                                                                         

por Ana Eva Bach

¿Cómo se podría definir a quien entra en tu mundo con una violencia de muerte, así de repente, sorpresivamente?, ¿cómo llamar a quien te espera para terminar tus días?, ¿cómo describir aquella mañana en la que la rutina hacía su trabajo…?  ¿Cómo decir que nunca hubieras imaginado ni en tus sueños más catastróficos que alguien de una geografía distante se trasladaría con sed de venganza, como un vampiro en sus noches suculentas, llenas de pasión y sangre? Así, de la misma manera, surgió su deseo de matar. Todo planeado, todo calculado. Matar y huir tranquilamente, mientras la víctima, tirada en el suelo, se desangra lentamente hasta cruzar el portal y tal vez, si todos tienen razón, encontrar en su camino esa luz que antecede la gracia eterna.

Pero quiso la fatalidad para esa perversa asesina que no ocurriera así. La victima defendió su vida con la poca fuerza que tenía ante la sorpresiva agresión, giró y luchó en una pelea desigual: ella con un bisturí clavado en el cuello y su agresora con toda la decisión de matar. Sangre, segundos de incertidumbre, el bisturí cae ante el encuentro de dos cuerpos, de dos mentes, de dos intenciones, de dos soluciones: una, huir; otra, conservar la vida. No es una historia de las series policiacas es una verdad, es mi verdad, es mi tragedia o tal vez mi más increíble respuesta de amor ante la petición a los ángeles y arcángeles.

Es la vivencia de una sobreviviente de este mundo terrenal, en el que parece que los límites y valores han fracasado y se cambian por los deseos e instintos más primitivos en el humano, matar para sentirse mejor, para presumir su odisea, para sentirse triunfadora, para disfrutar su logro. "Matar solo por matar —eso dijo la Policía—. No había ningún móvil, solo estaba desequilibrada". Así de fácil lo explicaron.

En el fondo lo comprendo muy bien, son corazones que, desafortunadamente, vagan por el mundo cargados de dolor, de angustia, de falta de un sentido positivo en sus vidas, nadie pudo sembrar la hermosa semilla del amor en esos pequeños cuerpecitos. Llegaron al mundo tal vez sin ser queridos, pero sí con un plan divino que pronto olvidaron y sembraron odio en vez de amor. Pobres desafortunados, ellos no lo saben pero aún pueden salvarse y salvar a la humanidad de sus terribles instintos, de sus horribles deseos de venganza. Ellos, los crueles asesinos, nunca han podido perdonar su infortunio ni reconstruir sus vidas.  ¿Qué hacer?  ¿Recordar y odiar con la misma sed de venganza por el agravio recibido? No. Tal vez sea mejor sostenerme en la luz que nace dentro de mi corazón para olvidar y perdonar.

Los Calzones de Guadalupe Staff

Aquí hablamos de lo que importa decir, que es generalmente lo que nadie quiere escuchar

Tags   infancia, hermanas, recuerdo

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