Alfajoreando

FUENTE:  Pinterest                                 

Por NADENKA KRUVSKAYA

Mayo 29 2018

Déjenme hacerles una gentil aclaración, el verbo alfajorear lo acabo de inventar yo, de hecho inventé toda una cultura nueva que es la cultura del alfajoreo. Es algo así como un deporte extremo que requiere de muchísima práctica, de habilidades finísimas y dotes artísticas. Alfajorear es preparar alfajores en casa, y yo lo vengo haciendo desde hace algunas semanas. Pero no nada más se trata de preparar alfajores y ya. Hay mucho, mucho más en el fondo. Alfajorear es conseguir la receta, aprender a preparar la masa, desarrollar la habilidad de hornear sin quemar los alfajores y sin tatemarte las manotas, es además envolver los alfajores y desarrollar diseños muy creativos para presentarlos a tus clientes y lograr que te los compren, porque bueno, se trata de eso, de vender los alfajores que aprendiste a elaborar.  Alfajorear es además un ritual por que te lleva tiempo y energía que regularmente te orilla a un espacio de meditación extrema mientras preparas la masa y armas tus alfajores. Es también toda una cultura porque tiene un origen y un destino y regularmente te obliga a desarrollar una nueva mentalidad y una actitud muy diferente frente al mundo. 

Dirán que otra vez se me anda botando la baranda, pero no estimados lectores y lectoras, esto es algo de suma seriedad, iniciarse en la cultura de alfajoreo no es nada fácil, se llega ahí después de haber caído muchas veces en el camino y de haberte desgraciado varias veces la cabezota con los reveses que te da la vida.

 

Yo llegué al alfajoreo, por ejemplo, después de quedarme sin trabajo. No les voy a contar aquí cómo pasó eso porque no se trata de amargarles la existencia como yo me la he venido amargando, pero ya se podrán imaginar que uno tiene su corazoncito y también sus necesidades y después de tres meses sin chamba te pones creativo para sacar pa los tamales y la renta. 

Es justamente ahí donde empiezas a desarrollar nuevas destrezas y una forma diferente de ver la vida, de pronto le entras al alfajoreo y tu visión de las cosas se vuelve completamente distinta. Me pongo a preparar alfajores y con la masa extendida sobre la mesa y el rodillo listo en la mano, voy recordando toda mi instrucción académica, toda la formación que recibí en mi casa, lo que batallé en la primaria, en la secundaria y la prepa, me pongo a pensar cómo era de estudiante,  mis tiempos de universitaria, todo eso de la cuestión académica era un poco complejo pero también divertido, los maestros tenían doctorados y muchos eran investigadores, hacíamos montones de proyectos para aprobar las materias, y no se crean, mal no me iba, la verdad. Pienso también en todas las clases extracurriculares que tomé, en los idiomas,  el inglés, el francés, las actividades artísticas, el baile hawaiano, el tahitiano, el flamenco y la danza regional, en los deportes que me gustaban, la natación, la gimnasia olímpica. Y claro, lo que sigue es pensar, ¡mírenme ahora!, estoy alfajoreando.  

 

Pero cuando has recorrido tantos caminos y alguno de ellos te ha llevado al alfajoreo, es porque ya te cambió la perspectiva de la vida. Aplano la masa con el rodillo y voy uno a uno marcado los círculos sobre ella. Pienso que todo eso que aprendí durante mis años de escuela ha sido muy enriquecedor, porque aunque ahora no esté desarrollando mi profesión, todas esas cosas me hicieron lo que soy hoy, todo eso fue moldeando mi personalidad y mi forma de afrontar los problemas de la vida.

 

Por eso les digo que alfajorear es una cultura que te cambia la forma de entender el mundo, es un ritual que te inicia en la improvisación. Durante muchos años hice lo que hace todo el mundo, me dediqué a trabajar y ejercer mi profesión, sin embargo, mientras amaso con mi rodillo los alfajores que al día siguiente voy a vender, mientras ando alfajoreando,  me da por pensar que todo lo que he hecho en la vida tiene finalmente su aplicación en esta actividad, porque cada cosa que he aprendido, cada atributo que tengo y cada cosa que soy la dejo impresa en la masa de mis alfajores, la entrego totalmente en su preparación. Todo lo que soy hoy como individuo queda ahí, en la preparación de mis alfajores, en el diseño de su envoltura y su presentación.

 

Antes tenía, como todos, montones de prejuicios, múltiples angustias por ser alguien y alcanzar un estatus, pero hoy ya no, porque me he iniciado en la cultura del alfajoreo. Alfajorear es una actividad extensamente creativa y productiva, realizarla me hace inmensamente feliz, en contacto estrecho con las cosas que importan,  me hace sentir mucho más cercana con la vida como a mí me gusta vivirla, en libertad, en armonía, en ejercicio pleno de mis facultades humanas, porque al preparar y vender alfajores he tenido que aprender a relacionarme realmente con la gente, a crear vínculos de sobrevivencia.  

 

Ahora me doy cuenta que cuando trabajaba tenía una manera diferente de ver las cosas y relacionarme con la gente, porque estaba metida en una caja en donde no podía moverme más allá de los límites de sus paredes, desde todos los putos de vista. Alfajoreando, en cambio, me siento en  libertad absoluta, puedo explotar mucho más todo lo que soy y lo que me conforma como persona.

 

No quiero emocionarlos, pero les confieso que alfajorear es algo extraordinario, es algo que produce felicidad extrema, que entretiene, que te desarrolla en muchos aspectos que desconocías, que te hace sentir un ser humano en toda su extensión y sobre todo es algo esencialmente divertido. Es el sueño dorado de cualquiera, vivir y producir divirtiéndote. Ya sea que se trate de alfajorear, o de galletear, o de pastelear, o no se, cualquier cosa que te permita potenciar todo lo que eres y sobre todo vivir en la belleza extraordinaria de esa combinación que es la libertad y la creatividad, el caso es que alfajorear te cambia los esquemas y te convierte en una nueva persona, algo así como un Yo remasterizado y en versión mejorada.  

 

Por eso yo amo alfajorear, soy una alfajorera muy orgullosa y muy feliz.  Es una cultura maravillosa que se antoja compartir, por eso he pensado seriamente en hacer la propuesta a la Real Academia de la Lengua Española para que exista el verbo alfajorear, que obviamente significaría  ser muy feliz y muy creativo en extraordinaria libertad haciendo algo para ganarte la vida cuando te sales de la jaula de una chamba.

 

Me despido de ustedes mis chavos,  con mucha enjundia y emoción, nos vemos pronto porque me tengo que ir a alfajorear

 

 

 

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